enero 13, 2018

Habilidades y Hábitos para Fomentar la Autonomía de los Niños





El desarrollo de la autonomía personal es un objetivo prioritario en la educación de un niño. Un niño autónomo es aquel que es capaz de realizar por sí mismo aquellas tareas y actividades propias de los niños de su edad y de su entorno sociocultural.

Un niño poco autónomo es un niño dependiente, que requiere ayuda continua, con poca iniciativa, de alguna manera sobre protegido.

Los niños con pocos hábitos de autonomía, generalmente presentan problemas de aprendizaje y de relación con los demás. De ahí la importancia de su desarrollo: normalmente cuando progresan en este aspecto, también lo hacen en su aprendizaje y relación con los demás.

Fomentar la autonomía desde los primeros años de vida es la base del aprendizaje. Hace que los niños se muestren más seguros de sí mismos y de sus capacidades a la vez que aprenden a asumir riesgos y a valorar sus posibilidades de éxito. Por su parte, un niño dependiente requiere de ayuda continua y tiene poca iniciativa, suele presentar problemas de aprendizaje y de relación con los demás.

Ayudar a los hijos a ser más autónomos es una tarea relativamente sencilla, ya que se trata de permitirles tomar decisiones y asumir responsabilidades. No tienen por qué ser grandes hazañas, sino más bien, habilidades y tareas adaptadas a su edad como recoger, ordenar, comer solos, preparar su mochila…

Como norma general todo aquello que el niño pueda hacer solo, siempre que no entrañe peligro, debe hacerlo él mismo.

También es válido como criterio enseñar aquellos hábitos que tienen adquiridos la mayoría de niños de una edad.

La mayoría de los niños funcionan muy bien con rutinas, luego lo ideal será conseguir que esos hábitos se conviertan en rutinarios. Con una práctica adecuada, los hábitos se adquieren de 20 a 30 días.


Niños de 2 a 3 años : estimulando su autonomía e independencia

El niño va creciendo y haciéndose cada vez más autónomo e independiente. Aunque ahora es todavía pequeño ya reclama su espacio y quiere hacer muchas cosas él solo, sin ayuda de nadie.

Se empieza a notar este proceso alrededor de los 18 meses, cuando el pequeño comienza a decir “yo solo, tú no”. Estas ganas imperiosas de valerse por sí mismo todavía son mayores, y hay que respetarlos, dejar que prueben y que intenten hacer las cosas por sí mismos. Ayudarlos en lo necesario, y enseñarles los pasos que hay que realizar, pero estimulando y fomentando su autonomía.

Sobre protegerlos, hacer por ellos las cosas que ya saben hacer no conduce más que a la inseguridad del niño, que cree que no es suficientemente válido para hacerlo solo y acaba acostumbrándose a que los padres le sigan dando de comer, lo vistan y laven.

Es importante que se les estimule y se les deje hacer, estimularles les permitirá practicar estas habilidades recién adquiridas.

Se debe aceptar también que esas ansias de independencia y autonomía generan a la vez algunas de sus rabietas y primeras frustraciones. Pero cuando consiguen hacer algo por si solos se sienten muy satisfechos, se sienten autónomos y perfectamente válidos para hacer aquello que se han propuesto, además les encanta descubrir sus nuevas destrezas.

En cambio, un niño sobre protegido es aquel que sus padres le siguen haciendo todo cuando el niño está perfectamente capacitado para hacerlo solo, como por ejemplo:

* le siguen dando de comer,
* le siguen vistiendo y calzando,
* le siguen acompañando al baño.

Los niños de padres sobre protectores normalmente :

* aprenden a ser dependientes de sus padres,
* son más miedosos,
* muestran actitudes inmaduras,
* con poca tolerancia a la frustración,
* suelen ser tímidos y retraídos,
* con baja autoestima,
* y en consecuencia suelen ser niños con pocos amigos.


Niños de 3-6 años: desarrollo físico y psicológico

La etapa de los niños de 3-6 años es un periodo de grandes avances en el desarrollo físico, el crecimiento y la coordinación motora. Dejó atrás el periodo más vulnerable y aumenta su fortaleza física y su capacidad para desarrollar disímiles actividades y enfrentar las enfermedades.

La infancia temprana es el periodo transcurrido hasta los 6 años de vida y se considera la etapa donde el individuo alcanza sus mayores logros. Y es que las habilidades que demuestren los hijos son consideradas como indicadores de su desarrollo físico y psicológico. Ellas se demuestran en la forma de jugar, aprender, hablar, comportarse y moverse.

La maduración del sistema nervioso del niño no supone solamente pasar por etapas prefijadas biológicamente. Los adultos, con su participación inteligente y comprometida, lograrán potenciar sus habilidades motrices, intelectuales y manuales.

El niño, por naturaleza, se vuelve muy inquieto y está atento a todos los estímulos ambientales. Para ellos todo es nuevo. El contacto con el medio que los rodea moldeará su personalidad y su manera de pensar y actuar.

Indicadores del desarrollo físico y psicológico en los niños entre 3-6 años de vida

Desarrollo psicomotor grueso

Uno de los indicadores del desarrollo físico y psicológico es el psicomotor grueso, el cual le permite al niño moverse en todas las dimensiones, adquirir plena conciencia de su cuerpo y cultivar su destreza motriz.

Motricidad fina

A nivel cerebral, las áreas que maduran de manera más evidente son las relacionadas con la motricidad fina. Estas son las encargadas de controlar de forma separada grupos musculares más pequeños, brindando nuevas capacidades al cuerpo en su desarrollo físico y psicológico.

A los 3 años comienza a hacer trazos verticales, horizontales o circulares. Al principio, grandes y vacilantes, pero paulatinamente los hará más cortos y precisos, marcando el inicio del aprendizaje de la escritura. Será capaz de copiar un círculo, recortar con tijeras, cepillarse los dientes, vestirse, desvestirse, abrochar y desabrochar botones sin ayuda alguna.

A los 4 años ya podrá dibujar un cuadrado, doblar papeles y colorear formas simples, usar las tijeras para cortar en línea recta y manejar bien los cubiertos.

Entre los 5 y 6 años, el desarrollo físico y psicológico se refleja en mayores habilidades: untará con un cuchillo, dibujará triángulos, estrellas y rombos, y será capaz hasta de dibujar un cuerpo humano completo en dos dimensiones.

Habilidades cognitivas

La capacidad del niño de aprender y entender demuestra sus habilidades cognitivas, siendo uno de los indicadores más interesantes del desarrollo físico y psicológico.

Desarrollo del lenguaje

Aprender los significados de las palabras depende en gran medida de los adultos que estén a cargo de los niños. Se debe propiciar la asociación de nombres con objetos, contarles cuentos, enseñarles libros y dibujos, imitar sonidos y cantar canciones.

Es muy importante, además, enseñarles a pronunciar correctamente las palabras y las normas elementales de educación: saludar, despedirse y no interrumpir, entre otras. Estas son algunas de las estrategias que potenciarán el lenguaje dentro de su desarrollo físico y psicológico.

Comportamiento afectivo y social

Antes de los 2 años las relaciones sociales giran en torno a la familia, pero después, comienza una etapa donde el vínculo extra familiar debe ser potenciado. Los niños, por lo general, trasladan al entorno social su comportamiento en el hogar como parte de su desarrollo físico y psicológico y, desafortunadamente, es frecuente observar conductas coléricas y agresivas que denotan la inadecuada relación niño-familia.

Debe ver como normal que pongan a prueba sus límites físicos, conductuales y emocionales, pero esto obliga a los padres a fijar normas disciplinarias y un ambiente seguro. Lo anterior se debe unir al desarrollo de la iniciativa, curiosidad, deseo de explorar y gozo  sin sentirse culpables o inhibidos , pero tampoco debe permitirse que actúen a su antojo y libre albedrío.

Desarrollo intelectual

A esta etapa se le conoce como periodo pre-operacional o de la inteligencia virtual e intuitiva, en que el niño está inmerso en un mundo de objetos físicos con los que interactúa y de personas con las que se relaciona.

Su desarrollo se rige fundamentalmente por la formación de símbolos mentales, o sea, no toma el objeto por lo que “es” sino por lo que “representa” como por ejemplo dibujar un animal que no ve, imitar que está manejando un carro y hacer que come en un plato vacío. A esto se le suma el lenguaje y los sonidos. Su atención irá ganando en control, adaptación y capacidad planificadora.

El juego seguirá siendo una actividad primordial en el desarrollo físico y psicológico de los niños, constituyendo el medio idóneo para estimular el lenguaje, la memoria, la capacidad de razonamiento, de planificación y de creatividad. No subestimar el potencial de aprendizaje del niño: favorecer el despliegue de todas sus habilidades.

Desarrollo de la personalidad

Esta etapa pre-escolar es crucial para el desarrollo de la personalidad. En función del contexto familiar y de cómo se manejen los deseos del niño y sus conductas, dependerá que se forje un individuo equilibrado, autónomo, con conciencia moral y de elevada autoestima. Para que un niño se valore debe sentirse valorado y la correcta educación emocional es fundamental para desarrollar una adecuada personalidad.

Es normal que expresen abiertamente sus sentimientos y emociones, pero hay que enseñarles a controlarse y comportarse dentro de límites permisibles. Inevitablemente, tendrán que enfrentar retos y los adultos tienen la obligación de prepararlos para esos momentos.

Actividad física

La actividad física  se debe promover en los niños de 3-6 años. Su gran energía y resistencia se debe encauzar en actividades al aire libre. Es una etapa muy importante en el desarrollo de sus destrezas motoras, en la coordinación  y en su habilidad para jugar y efectuar actividades deportivas de forma más estable.

Los juegos al aire libre y la práctica de cualquier deporte evitarán el sobrepeso y le darán una rutina diaria imprescindible. Con ellos desarrolla las destrezas motoras y mejora su coordinación.

Recordar que su seguridad es de gran importancia y que se deben seleccionar las actividades físicas seguras y empleando los medios de protección adecuados para cada actividad y edad. Basado en lo anterior es conveniente propiciar el desarrollo de actividades físicas en familia, así se divertirán mientras que disfrutarán de un tiempo en familia inolvidable.


Niños frustrados… adultos inseguros

Los niños sobre protegidos y con dificultades para hacer frente a sus frustraciones serán, el día de mañana, adultos con graves dificultades emocionales para desenvolverse con soltura en la vida.

El adulto que no tolera la frustración es iracundo, inmaduro incapaz de gestionar sus decepciones y de generar planes de acción alternativos para llegar al mismo objetivo que se había planteado de inicio. Tiene dificultades para identificar y expresar sus propias emociones, poca inteligencia emocional y serias barreras que le impiden ser empático, asertivo y resolutivo.

El adulto inseguro que no tolera la frustración un día fue niño, un niño que no adquirió las habilidades que después le permitirían ser un adulto autónomo, equilibrado y adaptativo. Fue un niño ansioso, que se volvió cada vez más demandante e impaciente, a quien le molestaban los cambios, que era impulsivo (a veces incluso agresivo), que aprendió que las tareas difíciles era mejor abandonarlas y esperar que alguien las resolviera en su lugar, que se enfadaba ante la ausencia de resultados inmediatos y que, desde la rigidez cognitiva que progresivamente fue desarrollando, acabó temiendo tanto el fracaso que se volvió inactivo.

Desde muy temprano el niño empieza a expresar sus deseos y su voluntad se impone: pide lo que quiere, exige incluso, rechaza lo que le disgusta… Y  los padres no pueden simplemente sucumbir. Les corresponde gestionar ese torrente de impaciencia, les corresponde educar. Porque además, a partir de ese momento las demandas van a más, todo se complica.

El padre y la madre, o el cuidador que corresponda, como figuras de autoridad dotan de seguridad al niño y sirven de soporte emocional constante. Son las únicas figuras que aceptan al pequeño de manera incondicional pero que al mismo tiempo cumplen otra función mas compleja: la de imponer límites y normas que guíen su desarrollo. Gracias a esta guía el futuro adulto interioriza los valores que marcarán su identidad. Ese límite que a veces tanto cuesta poner es, en el fondo, lo que el hijo más necesita y lo que en el futuro más agradece.


Para crear adultos psicológicamente saludables

* Desterrar la inmediatez. La responsabilidad de padres y educadores es enseñar que los refuerzos que se esperan ante una determinada conducta pueden no llegar, pueden ser distintos de los esperados o pueden llegar de forma demorada.

* Alternar la naturaleza de los reforzadores con los que se les educa. Se puede manejar el refuerzo de manera demorada, no inmediata y no vinculada siempre a lo material. Los refuerzos sociales y afectivos contribuyen al desarrollo de una autoestima más sana y a la construcción de una persona más resistente ante las adversidades.

* Ser ejemplo de equilibrio emocional y riqueza en las respuestas que se ofrecen ante los conflictos. Todo lo que se hace en situaciones conflictivas no siempre es lo más adecuado: hay mucha situaciones en las que se muestra todas las debilidades y por supuesto no siendo el mejor ejemplo.

* Soportar que el niño experimente sus propias emociones, incluso cuando son aversivas. Si a los niños les cuesta resistir la frustración y tolerar a incertidumbres, el principal error de los padres es que ellos no toleran en ninguna medida el sufrimiento del niño. El dolor emocional indica que algo de la esfera cognitiva, social, emocional o conductual no está funcionando del todo bien y merece atención, merece ser resuelto. Para cambiar, para mejorar, para desarrollarnos a cualquier nivel, no se puede obviar el dolor como parte de la vida y se debe permitir que los niños aprendan también cuál es su función y cómo enfrentarse a él de manera adaptativa para ellos.

* No adelantarse a sus necesidades ni resolverles todos sus problemas. Para formar futuros adultos con autonomía y eficacia para la vida es necesario que los padres no se fusionen con sus hijos, que les permitan a ellos ensayar sus propias estrategias y desplegar sus propias respuestas: ni todos los éxitos del hijo son atribuibles a los padres ni todos los fracasos lo son tampoco.

* Ofrecer alternativas cuando las pidan, pero no ser LA solución para todo. Porque el adulto sí ha de velar por prevenir posibles consecuencias o  daños mayores en el largo plazo. Por eso es imprescindible encontrar un punto de equilibrio: ayuda y guía sí, pero la excesiva sobre protección tiene que quedar fuera de toda negociación, ofreciendo alternativas de acción para que, de manera genuina, resuelva sus problemas.

* Permitir que los niños asuman responsabilidades. El niño, siempre de manera coherente con su nivel de desarrollo y sus capacidades, debe de ir resolviendo los problemas en los que se mete y asumiendo responsabilidades de manera progresiva. Se trata de que paulatinamente vaya construyendo su propia autonomía y se exponga a la toma de decisiones que corresponda en situaciones cotidianas que él vaya siendo capaz de manejar.

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Los niños autónomos tienen mayores habilidades cognitivas

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Montreal en enero 2013, sustenta la teoría de los padres como claves para fomentar la autonomía de sus hijos a través de la realización de tareas, y por consiguiente, mejorar sus habilidades cognitivas. Los niños de madres que son capaces de apoyar su desarrollo y autonomía suelen presentar habilidades cognitivas elevadas.

El estudio contó con la participación de 78 madres y sus hijos, a quienes los investigadores visitaron en sus casas en 2 ocasiones diferentes, una a los 15 meses del nacimiento del bebé, y nuevamente a los 3 años, ambas de 60 a 90 minutos de duración.

En las visitas se les pidió a las madres que ayudasen a sus hijos a completar actividades que eran ligeramente complicadas para realizar por sí mismos (construir una torre o completar puzles en la primera visita, y ordenar bloques en la segunda visita). Las actividades tomaron 10 minutos y fueron grabadas para evaluar luego con mayor precisión.

La función ejecutiva fue evaluada a los 3 años a través de una serie de juegos adaptados que revelan la habilidad del niño de postergar la gratificación, la capacidad de memorizar y de pensar en múltiples conceptos de forma simultánea.

Los puntajes más elevados fueron conseguidos por los niños cuyas madres fueron capaces de promover una conducta autónoma, entretanto quienes no lo hicieron lograron una calificación menor.

Este estudio plantea la posibilidad de que la función ejecutiva del niño pueda requerir no sólo una crianza de alta calidad sino además una calidad consistente. Esto lo sugiere la asociación entre el puntaje compuesto del apoyo a la autonomía y la función ejecutiva del niño, así como por el hecho de que las diferencias más notables se observaron entre los niños con un alto y consistente nivel de autonomía a lo largo del tiempo y los de un bajo nivel.

Los investigadores analizaron la función ejecutiva, que se refiere a un amplio rango de procesos cognitivos claves para el funcionamiento cognitivo, social y psicológico. Demostraron que la función ejecutiva en los niños se relaciona con la habilidad de la madre de apoyar su autonomía. El apoyo de la autonomía incluye cosas como enseñar a los niños resolución de problemas, tomando en cuenta la perspectiva de los niños y asegurándose que tome un papel activo para completar las tareas.

Lo más importante es que el estudio muestra que no se trata solamente de un buen comienzo. Si bien muchos estudios han confirmado que el apoyo maternal es crítico, unos pocos han observado cómo estas habilidades pueden cambiar con el tiempo y el efecto que podrían tener.

Ver :

diciembre 29, 2017

Las Emociones y el Funcionamiento del Cerebro




La emoción es un impulso que mueve a la persona a actuar, la raíz etimológica de la palabra viene de el latín e-movere, es decir, “ir hasta” que al final se resumen en: ataca, escapa o lucha.

Las emociones son reacciones inconscientes que la naturaleza ha ideado para garantizar la supervivencia y que, por nuestro propio beneficio, hemos de aprender a gestionar (no erradicar).

Las emociones varían a lo largo del tiempo, comprender sus variaciones, su dinámica y las regiones cerebrales implicadas en estos procesos necesita nuevos desarrollos desde un punto de vista terapéutico.

Hay que tener en cuenta que las variaciones emocionales son un factor determinante en la aparición de enfermedades mentales como la depresión, el estrés post-traumático e incluso los trastornos de personalidad graves.

Conocer lo que pasa dentro de nosotros cuando sentimos una emoción y cómo esta emoción evoluciona a lo largo del tiempo, ha sido el campo de investigación de una disciplina conocida como dinámica de las emociones.

Las emociones siguen una serie de patrones bien conocidos. Una emoción puede surgir de pronto o progresivamente,  por lo que se habla del grado de explosividad de una emoción. Una vez planteada, surge la fase de compensación de la emoción, es decir, su intensificación o atenuación a lo largo del tiempo, evaluada por su grado de acumulación.

Las bases cerebrales de estas dos fases y sus eventuales variaciones a lo largo del tiempo no son conocidas, aunque recientes investigaciones han identificado a algunas regiones cerebrales implicadas en el surgimiento de las emociones, como el córtex prefrontal medio, la amígdala o la ínsula.


Cerebro emocional y Cerebro racional


El cerebro racional o neocórtex son 2/3 de del cerebro humano. Es lo que nos otorga la cualidad de humano y ser pensante. El neocórtex está dividido en dos hemisferios; cada uno de ellos se encarga de realizar diferentes procesos mentales.

El cerebro emocional o sistema límbico  situado por debajo de la corteza cerebral  está compuesto por el tálamo, hipotálamo, amígdala cerebral e hipocampo.

* El tálamo envía mensajes sensoriales al neocórtex cerebral (la parte pensante del cerebro);

* El hipocampo desempeña un papel muy importante en la memoria y la interpretación de aquello que percibimos;

* La amígdala cerebral desempeña un papel fundamental, es quien envía los impulsos que transmiten emociones y es el centro del control emocional, además de influir directamente en el aprendizaje y la memoria.

Diferencias físicas entre cerebro racional y emocional

Según investigaciones se ha encontrado diferencias físicas entre los cerebros de personas que responden emocionalmente a los sentimientos y los que responden de forma más racional.

Las personas que tienen niveles altos de empatía afectiva son los que a menudo sienten miedo cuando ven una película de terror, o comienzan a llorar durante una escena triste. Por el contrario, los que tienen alta empatía cognitiva son más racionales, por ejemplo, cuando un psicólogo clínico aconseja a un paciente.


Funcionamiento en el cerebro

El tronco-encéfalo es la parte más primitiva del cerebro y la que regula las funciones básicas como la respiración, el latido cardíaco o el metabolismo.

Inmediatamente por encima del tronco está el sistema límbico, sede de las emociones, gracias a las que los primeros seres humanos pudieron reaccionar para adaptarse a las exigencias de un entorno cambiante, y pudieron desarrollar la capacidad de identificar los peligros y evitarlos.

El sistema límbico está relacionado con la memoria y el aprendizaje. En esta zona está la amígdala, sede de los recuerdos emocionales y que nos permite dar un sentido a nuestras experiencias, al reconocer las cosas que ya hemos visto y darle valor.

Por encima del sistema límbico se encuentra el neocórtex, que nos diferencia del resto de las especies, porque nos permite tener sentimientos, lenguaje, comprensión de símbolos, arte, cultura, civilización… Es decir, nos permite sobrevivir y darle un sentido a nuestra vida.

La parte de nuestro cerebro dedicada a los pensamientos se desarrolló a partir de la región emocional. Estas zonas cerebrales siguen estado muy vinculadas mediante circuitos neuronales, lo que significa que hay una relación entre pensamientos, sentimientos y emociones.

El neocórtex nos permite leer, interpretar y controlar nuestras emociones. Pero tener la capacidad de controlar las emociones no significa ser racionales con nuestros sentimientos y saber las causas de todos los comportamientos.

Ocurre que hay muchas emociones gestionadas desde el sistema límbico, donde el cerebro termina tomando decisiones independientemente de los lóbulos frontales, nuestro cerebro se adelanta dejándose llevar por la activación del sistema límbico, impidiendo que el neocórtex haga su labor. Esto conlleva a decir cosas que no queríamos decir, arrepintiéndonos de ellas.


Investigación

El cerebro activa diferentes regiones dependiendo de la intensidad de cada emoción

Investigadores del Instituto del Cerebro y de la Médula Espinal (Francia), de la Universidad Ku Leuven (Bélgica) y de la Universidad de Maastricht (Países Bajos) han identificado las regiones cerebrales implicadas en las diferentes fases de los procesos emocionales y constatado que las bases neuronales de las emociones varían en función del tiempo en el que se desarrolla la emoción. Los resultados se publicaron en la revista Social Cognitive and Affective Neuroscience (SCAN) en abril 2017.

Los investigadores realizaron un experimento en el que participaron 31 voluntarios. Pidieron a los participantes redactar algunos textos cortos sobre temas personales, como sus sueños o aspiraciones. Estos textos fueron analizados por expertos para deducir la personalidad de cada uno de ellos.

Lo importante del experimento es que todos los voluntarios recibieron los mismos comentarios negativos o neutros sobre su personalidad, independientemente de lo que habían escrito, con la finalidad de provocar una reacción emocional que pudiera ser analizada.

En la siguiente fase del experimento, se pidió a los participantes leer y reflexionar sobre los comentarios de los expertos relativos a su personalidad durante 90 segundos, y señalar los cambios emocionales que habían notado en ese tiempo.

Mientras pasaba todo esto, la actividad cerebral de los participantes era observada mediante imágenes de resonancia magnética funcional (IRMf), que permite registrar en tiempo real la activación de las diferentes regiones cerebrales.

De esta forma, los investigadores pudieron estudiar las regiones del cerebro implicadas en la explosividad y la acumulación de respuestas emocionales como consecuencia de una experiencia social negativa  los comentarios sobre su personalidad . Este tipo de experiencias es conocida por generar respuestas emocionales que duran un tiempo y que permiten por ello diferenciar sus dos fases.

Reacción cerebral dinámica. Los resultados del experimento ponen de manifiesto que las fases de inicio y de compensación de las emociones son los dos factores más importantes en los cambios emocionales que ocurren a lo largo del tiempo, y que están asociados a diferentes regiones del cerebro.

El nivel de la explosividad y surgimiento de la emoción está relacionado con la actividad en el córtex prefrontal medio. Esta región se cree que está implicada en la percepción que uno tiene de sí mismo. Su activación podría reflejar la diferencia entre la evaluación de la personalidad realizada por los expertos y la idea de sí mismo que tiene cada uno de los participantes.

El nivel de compensación de la emoción, que mide su intensificación o atenuación a lo largo del tiempo, está relacionado, a su vez, con la activación de la parte posterior de la ínsula, una región del cerebro conocida por desempeñar un papel importante en la integración de las señales emocionales.

Según explican los investigadores este estudio es el primero que demuestra que la actividad de las regiones cerebrales orquesta la respuesta emocional y su dinámica a lo largo del tiempo. Subraya además la importancia de tener en cuenta esta dimensión temporal para comprender las bases cerebrales de la evolución de las emociones, desde que se inician hasta que se atenúan, como consecuencia de un proceso de exclusión social. Estos resultados pueden ayudar en consecuencia a un mejor tratamiento de los trastornos relacionados con la salud mental.

Lo que ha pretendido esta investigación es avanzar en este campo y determinar cómo varía la actividad de las diferentes regiones cerebrales a lo largo de las diferentes fases de una experiencia emocional.


La flora intestinal afecta a los pensamientos y las emociones

Según un estudio publicado en Psychosomatic Medicine: Journal of Behavioral Medicine en octubre 2017, la flora intestinal influye tanto en nuestra salud física como en nuestro estado emocional. Su composición está relacionada con la densidad de ciertas áreas cerebrales y con el comportamiento humano.

La microbiota está compuesta por bacterias, beneficiosas en su mayoría, que habitan en el intestino. Los investigadores han hallado relación entre estas bacterias beneficiosas y las que no lo son tanto con su influencia en algunas respuestas emocionales.

El estudio se realizó mediante el análisis de las heces de 40 mujeres en un rango de edad entre los 18 y 55 años y los resultados se dividieron en dos grupos dependiendo de la composición de su flora intestinal. En el primer grupo, se mostró mayor abundancia de la bacteria Bacteroides mientras que en el otro grupo prevalecía la bacteria conocida como Prevotella.

Tras esta primera conclusión, los investigadores escanearon el cerebro mediante resonancia magnética, mientras les mostraban imágenes que pretendían inducir alguna reacción emocional. A través de este proceso, descubrieron que las personas cuya flora intestinal se compone mayoritariamente por Bacteroides mostraban un hipocampo más voluminoso, la zona cerebral implicada en la memoria. Asimismo, estas personas mostraban materia gris de mayor densidad tanto en las zonas insulares como en el cortex frontal, estas partes del cerebro son las encargadas de lidiar con el tratamiento de informaciones complejas.

En el segundo grupo, cuya composición bacteriana intestinal se basaba principalmente de Prevotella, tenían menos desarrolladas las áreas cerebrales antes mencionadas, lo que podría confirmar la relación entre las regiones emocionales, las sensoriales y las encargadas de la atención que poseemos en nuestro cerebro y la composición de nuestra flora intestinal.

En el caso de las imágenes de estímulo negativas, este segundo grupo de personas mostraban menor actividad en el hipocampo y también mostraban mayores niveles de ansiedad, estrés e irritabilidad.

Según los investigadores, como el hipocampo ayuda a regular las emociones, cuando el cerebro tiene un hipocampo más pequeño, vinculado a la composición de la flora intestinal, las imágenes negativas pueden provocar reacciones emocionales más intensas.

Aunque las personas participantes en este estudio estaban sanas, estos resultados señalan que los perfiles obtenidos de la estructura de la flora intestinal constituyen un factor de vulnerabilidad para estas personas, ante posibles trastornos psiquiátricos.

Esta investigación ha identificado relaciones entre dos tipos de flora y su incidencia sobre algunas respuestas emocionales en los seres humanos. Según los autores de este estudio, se trata de la primera demostración empírica de la relación entre diferentes comportamientos humanos y la composición microbiana de seres humanos sanos.

Hasta ahora, la mayoría de las investigaciones sobre la influencia de los organismos intestinales sobre las emociones se han efectuado en animales. Se ha comprobado por ejemplo que la flora intestinal de los roedores puede modificar su comportamiento.

Para los autores de este estudio estas modificaciones emocionales pueden implicar algún déficit en determinados trastornos mentales como la depresión, el síndrome de estrés post traumático y trastornos de personalidad.

Aunque se deban llevar a cabo más investigaciones que ahonden en estos resultados y puedan concretar más esta conexión, estas investigaciones podrían ayudan a comprender el funcionamiento de nuestro organismo y la importancia de la población bacteriana que lo compone tiene en nuestro bienestar.

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El cero emocional

Este concepto define el punto en el que se han formado los circuitos neuronales que determinarán cómo afrontará las situaciones cualquier niño o niña desde el punto de vista emocional a lo largo de toda su vida. De esta forma queda el circuito cerrado y aunque la expresión y el control de las emociones se puede aprender a posteriori, siempre tendrá que partir de la base neuronal que se forma hasta la edad de dos años.

La clave para propiciar el desarrollo emocional en el niño estará en las relaciones de intersubjetividad que se establecen entre el pequeño y las personas con las que se relaciona.

La conexión física y emocional entres los padres y sus niños es muy importante. Este es el fundamento del desarrollo emocional del niño. Cuando el niño se siente seguro con su medio ambiente, el autoestima del niño se fortalece. El niño se sentirá seguro y pondrá atención al medio ambiente y empezará a explorar y a aprender. Cuando los niños no reciben amor en casa, pierden el autoestima y esto trae problemas sociales y emocionales en el futuro.

En la Figura: Activación de distintas regiones cerebrales, en un contexto emocional positivo, que facilitan la memoria. Son los giros derechos: lingual (GL), hipocampo posterior (pGH), hipocampo anterior (aGH) y fusiforme (GF).

La neurociencia ha demostrado que las emociones mantienen la curiosidad, nos sirven para comunicarnos y son imprescindibles en los procesos de razonamiento y toma de decisiones, es decir, los procesos emocionales y los cognitivos son inseparables. Además, las emociones positivas facilitan la memoria y el aprendizaje, mientras que en el estrés crónico la amígdala  una de las regiones cerebrales clave del sistema límbico o “cerebro emocional”  dificulta el paso de información del hipocampo a la corteza prefrontal, sede de las funciones ejecutivas.

Los neurocientíficos definen la empatía como una capacidad socio-emocional que permite percibir, compartir y comprender los estados afectivos de los demás.

Aprender a conocer las emociones

Las emociones están muy presentes en la vida del individuo, por eso es importante aprender a conocerlas y saber cómo gestionarlas, porque las emociones afectan a otras habilidades humanas, como pensar, solucionar problemas o tomar decisiones. De modo que si estamos llenos de emociones positivas, será más fácil obtener algo positivo como consecuencia de nuestros comportamientos. Por ejemplo, dos personas con las mismas habilidades pueden tener diferentes niveles de éxitos y eso depende de la emoción que cada uno de ellos lleva cuando actúa.

Si no gestionamos bien las emociones, sobre todo las negativas, no podremos conseguir nuestras tareas cotidianas, como concentrarse, recordar, aprender y tomar decisiones.


Cerebro emocional : Alimentación, Sistema inmune, Sueño y Estrés

El microbioma está relacionado con nuestras emociones. El nombre mas ciéntifico del eje que las vincula se llama eje microbiota-intestino-cerebro. Se trata de un maravilloso, complejo e intrincado sistema arriba-abajo y abajo-arriba, de conexiones recíprocas desde cerebro hasta intestino y desde intestino hasta cerebro a través de hormonas, sistema inmunitario, sistema nervioso simpático y nervio vago.

El sistema entérico es una red de varios millones de neuronas que regulan la peristalsis  el tránsito intestinal  y que funcionan gracias a varios neurotransmisores, pero fundamentalmente a la serotonina (el 90% de la serotonina corporal se encuentra en la zona abdominal, no en el cerebro). Este neurotransmisor está muy implicado en las emociones y el sueño. Cuando dormimos bien y nos sentimos felices es expresión de la serotonina.

El sistema microbiota-intestino-cerebro es lo que nos hace sentir las emociones a través del cuerpo. Todo está conectado, vísceras y cerebro, y esta conexión puede ir en dos direcciones: cerebro-intestino o intestino-cerebro. Los micro-organismos indirectamente pueden llegar a alterar la homeostasis cerebral.

Cuando estamos en una situación de estrés, tenemos un nivel alto de cortisol, la barrera impermeable de bacterias se deteriora y si hay contacto con la sangre, puede ser el origen de varias enfermedades auto-inmunes.
Para prevenir eso, es fundamental la alimentación mediterránea, el deporte y una buena gestión del estrés a través de la inteligencia emocional  gestión de nuestras emociones . La ansiedad y la depresión, entre otras patologías tienen su origen en un porcentaje nada desdeñable en el “segundo cerebro” y en la microbiota.

Fruta, verdura, lácteos fermentados (yogures o kéfir), entre otros, son los alimentos pre y probióticos que ayudan a crear una barrera impermeable de bacterias que recubre nuestro intestino grueso y delgado.

El estrés, y su principal hormona vinculada, el cortisol, así como el alcohol, los antibióticos, el tabaco y el exceso de azúcar (entre otros factores) ayudan a destruir esa barrera, haciendo que algunos microorganismos patógenos pasen al torrente sanguíneo provocando una respuesta inmunitaria inflamatoria  citokinas  que llegará hasta el cerebro, modificando in extremis la cantidad de serotonina que producimos en el núcleo del rafe dorsal y ventral del tronco-encéfalo. De ahí la relación entre el “segundo cerebro” presente en nuestros intestinos, la microbiota y las emociones.


La flora o microbiota intestinal está integrada por el conjunto de bacterias que viven en el intestino, desempeñando la mayoría de ellas un papel beneficioso para la salud, ya que ayudan a la absorción de nutrientes y son imprescindibles para la síntesis de determinados compuestos, como la vitamina K y otras del complejo B.

Se calcula que el ser humano tiene unas 2.000 especies bacterianas diferentes, de las cuales solamente 100 pueden llegar a ser perjudiciales. La flora aglutina a todas las bacterias del sistema gastrointestinal y constituye la mayor reserva de microbiota de todo el organismo humano.

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