mayo 14, 2018

Proceso del Cerebro para Aprender a Leer




La “caja de las letras” nace vacía y se forma cuando el niño empieza a leer


Nuestro cerebro no está cableado para leer. La lengua escrita es un invento. Si los estudiantes no comprenden lo que leen, es  poco lo que se puede hacer para mejorar su desempeño en el resto de áreas del conocimiento como las matemáticas, las ciencias naturales y sociales. Los estudiantes tienen que aprender a leer bien para después poder leer para aprender.

La lengua escrita es una invención más o menos reciente que, básicamente, consiste en la transcripción codificada, aunque imprecisa, de nuestro lenguaje oral. Y no es sólo un invento nuevo; es un invento que pocas civilizaciones lograron. Aunque todos los grupos humanos tienen un lenguaje oral, solo unos pocos lograron codificarlo en un sistema escrito (unos 200 de unos 6.000 lenguajes). La evidencia arqueológica muestra que los primeros en lograrlo fueron los Sumerios y, luego, los Egipcios y los Babilonios. En las Américas, la única cultura precolombina que desarrolló un sistema escrito completo fue la de los Mayas.

Aprender a leer no sólo crea nuevas conexiones neuronales entre sistemas existentes en el cerebro del niño sino que también produce una autentica reorganización del cerebro.
El reconocimiento visual que usamos para leer las letras es el mismo que nos permite reconocer objetos o caras prácticamente desde que nacemos. Está demostrado que conforme aprendemos a reconocer visualmente las letras perdemos capacidad de reconocer objetos o caras y que además el sistema que permite el reconocimiento de caras se mueve del hemisferio izquierdo al derecho. Por lo tanto, se produce una autentica reorganización del cerebro del niño que esta aprendiendo a leer.


En el hemisferio izquierdo del cerebro  donde tiene lugar toda la actividad cerebral relacionada con el lenguaje y la lectura  el niño pre-lector ya tiene un sistema de reconocimiento visual bastante sofisticado (en el gráfico en color violeta). Desde que empezó a hablar también ha ido desarrollando un sistema que le permite reconocer los fonemas y sonidos de la lengua hablada (que se ubicaría en la zona señalada en amarillo en el gráfico) y otro que le permite desentrañar los significados de las palabras de la lengua oral (cuya ubicación aparece representada en verde).


Al aprender a leer el niño crea una interfaz o conexiones neuronales (en color rojo) que le permiten unir las letras que reconoce visualmente con los sonidos de la lengua hablada que ya posee y que a su vez le ayudarán a desentrañar los significados de las palabras.

Más adelante, cuando el niño adquiera soltura lectora, podrá asociar directamente las letras escritas con los significados sin tener que pasar por el sonido.

Por lo tanto el aprender a leer requiere especializar el sistema visual para reconocer la forma de las letras y conectarlas con los sonidos de la lengua hablada que el niño ya conoce.

Y desde que aprendió a hablar, esos sonidos a su vez el niño ya los tiene conectados con los significados y al cabo de un tiempo estará en disposición de establecer conexiones neuronales directas entre significados y letras escritas. De todo ello podemos deducir que el correcto desarrollo del lenguaje oral es esencial en el aprendizaje de la lectura.


Reciclaje neuronal

Según Stanislas Dehaene, neurocientífico cognitivo del Collège de France, el reciclaje neuronal consiste en un proceso mediante el cual amplias áreas de nuestro cerebro comienzan a realizar funciones para las cuales no evolucionaron. Nuestro cerebro, al nacer, no cuenta con áreas o circuitos neuronales específicamente dedicados a la lectura; aprender a leer altera la arquitectura cerebral y genera nuevas conexiones en áreas que, antes del aprendizaje de esta nueva habilidad, no se comunicaban.

El cerebro utiliza un complejo entramado de circuitos para leer, ubicados en su mayoría en el hemisferio izquierdo. El proceso de lectura comienza en el lóbulo occipital, área encargada  de reconocer los estímulos visuales, como las caras y las formas. Allí se dan los primeros grandes cambios neuronales, pues la corteza visual se especializa aún más y se vuelve más precisa para poder reconocer las letras.

La “caja de las letras”

La información visual continúa luego a un área denominada “la caja de las letras”, en la que se concentra el conocimiento de las letras aprendidas. De este punto el estímulo viaja a, cuando menos, dos redes neuronales: una que va al significado de la palabra, y otra a la pronunciación y la articulación. Leer consiste en reconocer las letras y como se combinan en palabras y, luego, cómo se conectan con los sonidos que producen y su significado. Es así como leer no es únicamente un proceso visual, como se creyera en algún momento. Es también un proceso auditivo.

Un cambio importante que se da en el cerebro es en la “la caja de letras”, un área que se activa solamente en las personas que saben leer. Y se activa, además, solo para aquellas letras que uno reconoce como propias de su lenguaje. Por ejemplo, esta área del cerebro no se activará cuando una persona que solo lee en español, “lee” grafías de otros idiomas que desconoce, como Coreano.

No nacemos con la región del cerebro que nos permite leer, llamada la “caja de las letras”, sino que se forma en el momento en el que reconocemos palabras. Esa caja nace vacía, sin repertorio alfabético alguno, y cuando se desarrolla bloquea en parte la capacidad de reconocimiento visual para propiciar un aprendizaje más rápido de la lectura.

Ya se sabía que la corteza visual central, situada en la parte posterior del cerebro, contiene diversas regiones especializadas que se activan cuando reconocemos objetos, caras o lugares. En los seres humanos, estas regiones se modifican por el aprendizaje musical, de las matemáticas o de la lectura.

En los adultos humanos que saben leer, existe también una zona específica de esa corteza visual central que se activa cuando miramos palabras escritas: se llama área visual de formación de palabras  del inglés Visual Word Form Area (VWFA) , también conocida como la “caja de las letras”.


Implicaciones neurológicas

Durante esta etapa, la actividad cerebral involucra una red de regiones muy amplia, que se extiende más allá de la red de lectura que es la habitual del adulto.

Algunas regiones están involucradas con el movimiento de los ojos, otras con los procesos genéricos de la memoria y la atención; la red del lenguaje hablado también se activa intensamente.

A medida que la lectura se automatiza, la movilización de éstas áreas decrece; por esto, la automatización de la lectura debe ser un objetivo esencial del aprendizaje; sólo con ella, se consigue liberar las áreas genéticas de la corteza y dejarlas disponibles para otras actividades.

La automatización de la lectura. Es un proceso paulatino, que se extiende varios años.

Al inicial del proceso, la decodificación se da tomando uno tras otro todos los elementos que forman cada palabra.

Más tarde, la palabra será decodificada toda de una vez gracias al análisis simultáneo de sus elementos; y ello es posible gracias a la activación de la caja de las letras; las neuronas de la caja de las letras trabajan a la vez de manera simultánea sobre las diferentes partes de la palabra.

Consecuencias de la automatización. Con la automatización, hay otros factores  que no son el número de letras de una palabra  que influyen en la decodificación; es decir, las palabras frecuentes se reconocen más rápido que las raras o que los neologismos. La influencia de estos factores es una señal de que el niño comienza a desarrollar la segunda ruta de la lectura, esta que nos permite pasar directamente de la cadena de letras al significado de las palabras.

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Aprender a leer reorganiza el funcionamiento del cerebro

Científicos del Centro vasco sobre Cognición, Cerebro y Lenguaje en una investigación publicada en la revista Developmental Cognitive Neuroscience de febrero 2017, han descubierto cómo el aprendizaje de la lectura cambia el funcionamiento del cerebro para asumir esta nueva habilidad.

En concreto, se ha observado que la red neuronal encargada de decodificar el lenguaje oral, el área fronto-temporal del hemisferio izquierdo, se reorganiza durante el proceso de aprendizaje de la lectura y se activa también a la hora de descifrar el lenguaje escrito.

El estudio, realizado entre 2013 y 2016, contó con la participación de 38 niños vascos de 4-8 años con diferentes niveles de lectura. Se empleó la técnica de la magneto-encefalografía para saber cuándo y dónde se producía una actividad específica en el cerebro mientras los niños llevaban a cabo una tarea sencilla como leer, escuchar palabras o reconocer estímulos visuales.

Durante la prueba, los niños fueron expuestos a tres estímulos diferentes  60 palabras escritas en euskera, 60 palabras escuchadas en euskera y 60 dibujos de objetos en blanco y negro  y se comparó la actividad cerebral entre los niños que habían empezado a leer y los niños más mayores con un nivel de lectura más avanzado.

A medida que los niños mejoran su capacidad de lectura, las áreas del hemisferio izquierdo empiezan a tener más actividad mientras leen y el cerebro continúa desarrollándose. Los investigadores también han visto que saber leer aumenta la actividad de áreas relacionadas con la decodificación de representaciones visuales de objetos, de modo que adquieren también la competencia de vincular una representación visual de un objeto con las palabras y conceptos relacionados con el mismo.

El estudio permitirá a los investigadores comprender mejor cuáles son las consecuencias cerebrales de la falta de aprendizaje de la lectura y avanzar en la identificación de los problemas que impiden a algunos niños desarrollar una competencia de lectura adecuada.


Aprender a leer de adulto produce cambios profundos en el cerebro

Según investigadores alemanes del Instituto Max Planck de Psicolingüística y del Max Planck de Cognición humana y Ciencias del Cerebro, junto con científicos indios del Centro de Investigación Biomédica Lucknow y la Universidad de Hyderabad, en un estudio publicado en la revista Science Advances de mayo 2017, la lectura supone un reto enorme para el cerebro y sus efectos en el mismo son asombrosos, hasta el punto de que puede moldearlo y transformarlo profundamente, incluso cuando somos adultos.

Reorganización estructural del cerebro cuando comienza a leer

Leer es una capacidad tan nueva en nuestra historia evolutiva que no puede estar “grabada” en los genes. Cuando aprendemos a hacerlo, el cerebro debe pasar por una especie de “reciclaje”. Las áreas destinadas al reconocimiento de objetos complejos, como las caras, tienen que participar en la traducción de las letras. Y algunas regiones de nuestro sistema visual se convierten en “interfaces” entre lo que el ojo ve y el lenguaje.

La cuestión es que, hasta ahora, los científicos suponían que esos cambios se limitaban a la capa externa del cerebro, la corteza, que se adapta rápidamente a los nuevos desafíos. Pero resulta que la transformación que provoca abrir un libro y comprenderlo va mucho más allá.

Los investigadores descubrieron que cuando una persona adulta aprende a leer, el cerebro pasa por una reorganización que se extiende a estructuras profundas en el tálamo y el tallo cerebral.

Observaron que los llamados colículos superiores, una parte del tronco cerebral, y el pulvinar, situado en el tálamo, adaptan su actividad a la de la corteza visual. Estas estructuras profundas ayudan a nuestra corteza visual a filtrar información importante, incluso antes de que la percibamos conscientemente. Curiosamente, cuanto más tiempo pasen sincronizadas las señales entre las dos regiones del cerebro, mejores serán las capacidades de lectura. Creen que estos sistemas cerebrales afinan su comunicación cada vez más al tiempo que los estudiantes se vuelven más y más competentes en la lectura. Esto podría explicar por qué los lectores experimentados se mueven de manera más eficiente a través de un texto.

Mujeres analfabetas

El equipo obtuvo estos resultados en la India, un país con una tasa de analfabetismo de alrededor del 39%. La pobreza sigue limitando el acceso a la educación en algunas partes del país, especialmente a las mujeres. Por lo tanto, casi todos los participantes del estudio, treinta en total, fueron mujeres en su treintena. Al comienzo de la formación, la mayoría no era capaz de descifrar una sola palabra escrita de su lengua materna Hindi. Se trata de uno de los idiomas oficiales de la India, basado en devanagari, una escritura con caracteres complejos que describen sílabas o palabras enteras en lugar de letras individuales. Las participantes llegaron a un nivel comparable al de un niño de primer grado después de apenas seis meses de formación.

Los investigadores dicen que, en principio, el estudio también podría haber tenido lugar en Europa. Sin embargo, el analfabetismo es considerado como un tabú en Occidente, por lo que habría sido inmensamente difícil encontrar voluntarios. Incluso en la India, donde la capacidad de leer y escribir está fuertemente conectada a la clase social, el proyecto fue un tremendo desafío, porque los retos logísticos eran inmensos.

Los científicos reclutaron a voluntarias de la misma clase social en dos aldeas en el norte del país para asegurarse de que los factores sociales no podían influir en los resultados. Los escáneres cerebrales (resonancia magnética) se realizaron en la ciudad de Lucknow, a tres horas en taxi de los hogares de las participantes.

Luz sobre la dislexia

Según los investigadores, los impresionantes logros de aprendizaje de los voluntarios no sólo proporcionan esperanza para los adultos analfabetos, sino que también arrojan luz sobre la posible causa de trastornos de la lectura como la dislexia, que se cree puede deberse a disfunciones en el tálamo, una parte del cerebro que se modificó en el experimento con solo unos pocos meses de entrenamiento en la lectura.

La increíble flexibilidad del cerebro humano es una buena noticia. Nunca es demasiado tarde para aprender una nueva habilidad. Puede que aprender cosas nuevas complejas no sea tan rápido ni tan fácil para los adultos como lo es para los niños, pero es posible. La investigación, viene a reforzar la idea de la increíble plasticidad del órgano que rige nuestras vidas y puede arrojar luz sobre algunos trastornos de la lectura, como la dislexia.


Descubren cómo el cerebro aprende a leer

Investigadores de la Facultad de Medicina, Écoles des Neurosciences de Paris, en un estudio publicado en PLOS en marzo 2018, han observado por primera vez cómo se modifica el cerebro humano durante el proceso de aprender a leer.

Lo han conseguido observando el cerebro de 5 niños y 5 niñas de seis años de edad durante un curso de la escuela preparatoria, en el momento de la vida en el que a los niños se les enseña a leer.

A través de la técnica de imágenes de resonancia magnética de su actividad cerebral, pudieron descubrir cómo se forma la región del cerebro especializada en el reconocimiento de palabras durante el aprendizaje de la lectura, conocida como la “caja de las letras”.

Lo que no se conocía hasta ahora es cómo se forma en los niños esa región específica del cerebro que nos permite interpretar textos escritos, y si esa lectura sustituye o toma el lugar de otra de las capacidades cerebrales de la corteza visual central.

Lo que descubrió esta investigación es que, en los niños, cada categoría de imagen observada visualmente activa, al igual que en el adulto, una región concreta de la corteza visual. Pero que eso no ocurre con las palabras.

Rincón específico para las palabras

Toda la investigación se desarrolló con niños que todavía no sabían leer. Observaron su actividad cerebral mientras aprendían a leer.

Cuando estaban en el escáner de resonancia magnética, tenían que mirar imágenes diferentes de casas, objetos diversos, rostros, palabras y números, y apretar un botón cuando aparecía ante ellos un personaje conocido de dibujos animados.

Cada una de las imágenes mostradas a los niños activa una región visual especializada, como en el adulto. Sin embargo, los investigadores observaron que las palabras activan una región diferente del cerebro, más sensible a las palabras que a las imágenes: la “caja de las letras”.

La caja de las letras no nace, se hace

Es decir, no nacemos con una “caja de las letras” que se activa cuando empezamos a leer, sino que se crea cuando se inicia el aprendizaje de la lectura. Concretamente comienza a formarse unos meses después del inicio del curso escolar en el que se enseña a los niños a leer.

Para otros niños, se forma incluso más tarde, una vez que ya han desarrollado algunas habilidades lectoras. Al año, la “caja de las letras” ya está perfectamente instalada en el hemisferio izquierdo.


Otro descubrimiento de esta investigación es que, cuando se forma, la “caja de las letras” está vacía, es decir, no contiene el repertorio alfabético necesario para la comprensión de las palabras leídas. También descubrió que cuando se desarrolla, esta “caja de las letras” bloquea el desarrollo de la zona cerebral asociada al reconocimiento de los rostros en el hemisferio izquierdo.

Eso significa, según los investigadores, que cuando un niño empieza a leer, su cerebro ya está preparado para el reconocimiento facial, pero sacrifica en parte esta capacidad a favor de la capacidad de lectura. En los niños que no aprenden a leer, se desarrolla antes el reconocimiento facial.

La investigación también descubrió que, una vez que se automatiza la lectura en el niño, la “caja de las letras” se implanta en una región del cerebro libre de toda especialización. Eso significa que, cuando aprendemos a leer, el cerebro no utiliza habilidades adquiridas para categorías visuales, sino que crea un rincón específico para las palabras.

Asimismo, los investigadores constataron que el desarrollo de la lectura en el hemisferio izquierdo  el del lenguaje oral  bloquea el desarrollo de la región cerebral que responde a las caras en ese hemisferio, contrariamente a lo que pasa en el hemisferio derecho.

Esta investigación ha constatado así que se enseña a leer a los niños en un momento de plasticidad de esa región cerebral, que aumenta su capacidad de respuesta a los rostros en un medio natural.

Eso significa que el momento escogido por el sistema educativo para enseñar a los niños a leer aprovecha las ventanas de plasticidad ofrecida en ese momento por el proceso de maduración del cerebro humano para permitir un aprendizaje más eficaz.

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Leer y escribir literalmente transforma nuestra mente, cuerpo y entorno

La escritura, como medio de comunicación, es un fenómeno cultural relativamente reciente. Se estima que el lenguaje tiene alrededor de 200 mil años, mientras que los sistemas de escritura tienen alrededor de 6 mil años. A diferencia de la adquisición natural del lenguaje que es espontánea, auto organizada y con poca supervisión, las habilidades de lecto-escritura se adquieren a través de un proceso extensivo de aprendizaje y práctica supervisada en ambientes escolares.

El lenguaje escrito es de facto un sistema metalingüístico que codifica y objetiviza el habla. La escritura sólo tiene sentido de existir si la lectura es posible.

La propuesta de la mente extendida nos dice que la cognición no sólo se localiza dentro del cerebro sino que se extiende al cuerpo y al mundo que nos rodea. El uso de la escritura como tecnología representa una especie de memoria externa que nos permite almacenar, indexar, clasificar y resumir información. Al hacerlo, no sólo se representa y se interactúa con la información de forma diferente, también se facilitan nuevas formas de resolver problemas.

Consecuencias de aprender a leer

 Primeramente, logramos acceder al lenguaje a través de una nueva modalidad que es la visión. Siendo esta innovación tecnológica sólo recientemente generalizada, no podemos esperar que la evolución pudiese haber tenido tiempo de asimilar adaptaciones específicas para facilitar las habilidades de lecto-escritura, a diferencia, por ejemplo, de la adquisición del lenguaje hablado.

Las investigaciones demuestran que efectivamente existen áreas relacionadas con la visión y el lenguaje que se activan en respuesta a la lectura. En personas analfabetas, estas áreas desempeñan funciones de reconocimiento visual y de lenguaje; sólo a través del proceso de alfabetización estas áreas corticales se reorganizan y comienzan a cumplir funciones que facilitan la lecto-escritura.

En todas las culturas el aprender a leer reside en los mismos mecanismos cerebrales y genéticos, aunque hay factores culturales y ambientales que favorecen el proceso.

Aprenderá más fácilmente a leer un niño que tenga un óptimo desarrollo de la lengua hablada gracias a que se ha criado en un ambiente en el que se le ha hablado continuamente al igual que se le ha estimulado a hablar. Influirá positivamente en el aprendizaje de la lectura la más o menos capacidad del niño en reconocer los fonemas, el tamaño de su vocabulario hablado, etc.

Y como en cualquier proceso de aprendizaje también serán muy importantes la atención, la concentración, la motivación o la satisfacción alcanzada con la realización de la actividad. Por eso, al contar cuentos o leer libros con los bebés desde la más tierna edad, estamos favoreciendo todos estos aspectos que ayudarán después al niño en el aprendizaje de la lectura.


Todo indica que las innovaciones culturales como son la lectura y la escritura inducen tanto 
una reorganización funcional en el cerebro como cambios cualitativos en nuestras facultades 
cognitivas. En la actualidad, los aparatos electrónicos inteligentes nos permiten interactuar 
constantemente con el mundo exterior, de forma múltiple y paralela. Podemos saltar de una 
tarea cognitiva a otra fácilmente, inclusive hacerla casi de forma simultánea: es posible tener 
varios chats abiertos, escuchar música, leer, escribir, conversar o realizar alguna actividad motora.


Ver :

abril 23, 2018

El Sistema Nervioso Simpático





Nuestro Sistema Nervioso está compuesto por diferentes sub-sistemas que se encargan de que nuestro organismo funcione de forma correcta, si no es así se pueden producir enfermedades o diferentes problemáticas.

El sistema nervioso se divide en dos partes, el sistema nervioso central y el sistema nervioso periférico. Dentro del sistema nervioso periférico, está el sistema nervioso autónomo. En el sistema nervioso autónomo están el sistema nervioso simpático y el parasimpático.

El trabajo del sistema parasimpático se complementa con el del sistema simpático. Ambos sistemas funcionan en oposición natural. Recurriendo a una analogía. El sistema simpático sería tal como la policía, que procura una respuesta rápida. Mientras que el sistema parasimpático sería como el sistema judicial con acciones que no requieren una respuesta inmediata.

Diferencias entre el Sistema Nervioso Simpático y Parasimpático

El Sistema Nervioso Parasimpático complementa al Sistema Nervioso Simpático, ya que tienen funciones opuestas.

El Sistema Nervioso Simpático promueve el gasto de energía y activa el organismo, mientras que el Sistema Nervioso Parasimpático incrementa las reservas. Gracias a un mecanismo de homoestasis o feedback, ambos consiguen trabajar de forma complementaria y hacer que nuestro cuerpo responda de forma adecuada a las diferentes situaciones.

Generalmente, suelen tener funciones opuestas en los mismos órganos, la imagen lo resume de una forma muy gráfica y muy interesante.


El Sistema Nervioso Simpático

El sistema nervioso simpático (SNS) es el elemento que controla las reacciones y reflejos viscerales.

Este sistema nos prepara para la acción. Este es el sistema que media en la respuesta de estrés hormonal. Las conductas de lucha y de huida están mediadas por el sistema simpático.

El sistema nervioso simpático actúa con la ayuda de la adrenalina y la noradrenalina, dos mediadores químicos que actúan sobre unos receptores con el objetivo de aumentar o disminuir la intensidad de las funciones controladas, particularmente, la constricción o la dilatación de los vasos sanguíneos, la aceleración o la disminución del ritmo cardíaco y la relajación de ciertos músculos automáticos.

Aumenta la frecuencia de latidos del corazón, dilata los bronquios y las pupilas. Estimula las glándulas suprarrenales. La sudoración excesiva o hiperhidrosis en manos, axilas o cara se relaciona con una hiper estimulación del sistema simpático.

El sistema nervioso simpático es el responsable de la regulación de los mecanismos homeostáticos de lo organismos vivos. Las fibras de este sistema llegan a casi todos los órganos y sistemas del cuerpo, desde la pupila del ojo hasta controlar la motilidad intestinal. El sistema simpático nos ayuda a sentir las sensaciones de frío o calor.

Estructura

Las partes del sistema nervioso simpático son:

* Dos cadenas de ganglios para-vertebrales localizados en ambos lados de la columna vertebral.

* Dos ganglios pre-vertebrales: el ganglio celíaco y el hipogástrico.

* Los nervios que recorren diferentes órganos internos hasta los ganglios: neuronas preganglionares y postganglionares.

Las neuronas preganglionares son aquellas que conectan médula espinal y ganglio, funcionando generalmente a partir del neurotransmisor conocido como acetilcolina.

Las neuronas postganglionares conectan ganglio y órgano diana, en el sistema simpático la actuación se produce a partir de la emisión de noradrenalina.

Funcionamiento del sistema nervioso simpático

Al igual que otras partes del sistema nervioso, el sistema nervioso simpático opera a través de una serie de neuronas inter-conectadas que con frecuencia, se consideran parte del sistema nervioso periférico (SNP), aunque hay muchas que se encuentran dentro del sistema nervioso central (SNC).

Las neuronas simpáticas de la médula espinal se comunican con las neuronas simpáticas periféricas a través de una serie de ganglios simpáticos.

Dentro de los ganglios, las neuronas simpáticas de la médula espinal se unen a las neuronas simpáticas periféricas a través de sinapsis químicas.

Recorrido del sistema nervioso simpático

El sistema simpático se configura a partir de dos cadenas de veintitrés ganglios que circulan a lo largo y a ambos lados de la columna vertebral, inervando (transmitiendo estímulos nerviosos) en su recorrido diferentes órganos y sistemas. Estas cadenas envían terminaciones nerviosas tanto a órganos como al sistema vascular.

Punto de origen: Bulbo raquídeo

El bulbo raquídeo, núcleo cerebral situado en el tronco del encéfalo que controla el conjunto de funciones vitales inconscientes. Se trata de una estructura neurovegetativa de gran importancia para la vida. Será a partir de este desde donde se proyectarán las cadenas de ganglios del simpático, inervando el resto del organismo.

Región cervical

En este tronco cervical se encuentran tres ganglios, cervical superior, medio e inferior, que conectan con regiones tales como los músculos oculares, las meninges, la hipófisis, y los nervios vago, glosofaríngeo e hipogloso. Se vincula con la capacidad para controlar la intensidad de luz que captan los ojos, la emisión de hormonas y la capacidad de deglutir. Algunos de estos ganglios también tienen un papel importante en el control del corazón, así como la tiroides.

Región Torácica

En el tórax el sistema simpático puede encontrarse con una docena de ganglios, que inervan los órganos situados en las zonas correspondientes. Pulmones, corazón y tubo digestivo son los elementos más importantes. Sin embargo, a partir de los ganglios que rigen el corazón parten los ganglios cervical superior e inferior (si bien este último se encuentra a la altura de las costillas), originando algunos nervios cardíacos.

Región Lumbar

La parte del sistema nervioso simpático que transcurre en la región lumbar tiene una gran importancia, debido a la gran cantidad de órganos que inerva. En condiciones normales pueden encontrarse cinco ganglios en esta zona, desde los cuales surgen fibras nerviosas que llegan al plexo solar y su continuación, el plexo aórtico-abdominal. Estos plexos inervan la mayoría de órganos intra-abdominales, teniendo conexión con el bazo, el hígado, el diafragma y el estómago, entre otros.

Región pélvica

Se trata de la parte más caudal del sistema simpático, que transcurre en la pelvis. La dos cadenas de ganglios se unen en esta zona en el ganglio coccígeo. En esta zona, el plexo pélvico, se pueden encontrar cuatro ganglios que inervan recto y vejiga. De estos salen otros plexos secundarios, los cuales controlan la vesícula, próstata y pene / vagina y clítoris.

Funciones principales del sistema nervioso simpático

Mientras que el sistema parasimpático se encarga de realizar procesos que suponen al organismo un ahorro energético, y el entérico se centra en la gestión habitual del tubo digestivo, el sistema simpático tiene como principal función el de preparar al organismo para responder con velocidad a la estimulación externa, provocando procesos que suponen el consumo de una gran cantidad de energía con el fin de asegurar la supervivencia.

La función principal del sistema simpático es activar al organismo para facilitar la reacción a los estímulos. Para ello, activa una serie de reacciones fisiológicas que nos preparan para responder. Se ha de tener en cuenta que esta activación del sistema simpático facilita la lucha o huida de eventos amenazantes, pero su activación no se da únicamente ante este tipo de situaciones. Este sistema actúa de manera regular para mantener la homeostasis corporal y participa en múltiples procesos que requieren de activación fisiológica. También contribuye a la existencia de una homeostasis al regular y evitar una actuación excesiva del sistema parasimpático (que podría causar una tasa cardíaca demasiado lenta, por ejemplo).

Estas reacciones serán posteriormente combatidas por el sistema parasimpático, habiendo un equilibrio homeostático que mantiene el organismo en un estado óptimo de funcionamiento según la estimulación externa.

Reflejo ocular

El sistema simpático produce a nivel ocular la midriasis o dilatación pupilar, hecho que permite una mayor capacidad visual que puede permitir ver mejor posibles peligros. Es un proceso automático e inconsciente dado que se utiliza de manera constante independientemente de la relevancia que tenga el objetivo.

Actuación en sistema cardiovascular

La frecuencia cardíaca aumenta ante la activación del sistema simpático, produciendo un aumento en el ritmo con el que se envían oxígeno y nutrientes a través de la sangre. Este aumento se dirige a los músculos, preparándose para la acción y haciendo que se dediquen recursos a mantener en marcha los aspectos motores del organismo.

Además, se regula y aumenta la presión sanguínea, de manera que la sangre fluye más rápidamente por el sistema vascular y llega antes a los distintos órganos. Por supuesto, esto contribuye a que estos puedan ofrecer una respuesta rápida a las necesidades del momento, lo cual a su vez hace que otras partes del organismo también lo hagan para adaptarse a ese ritmo. De este modo se mantiene un equilibrio a pesar de que las condiciones han cambiado por orden del sistema nervioso simpático.

Secreción de adrenalina, noradrenalina y glucosa

El sistema simpático provoca asimismo la liberación de adrenalina y noradrenalina en la sangre a través de los riñones, con el fin de aumentar la activación física y psicológica. También se aumenta la liberación de glucosa en sangre a partir del hígado.

Dilatación pulmonar

Ante la actuación del sistema simpático los pulmones empiezan un proceso de bronco-dilatación con el fin de capturar un mayor nivel de oxígeno y optimizar el sistema de aprovisionamiento de este recurso.

Disminución en  la actuación del sistema gastrointestinal

El proceso digestivo consume una gran cantidad de energía por sí mismo. Con el fin de poder conservar esa energía, el sistema parasimpático reduce y enlentece en gran medida la actividad del tubo digestivo y las glándulas que secretan enzimas digestivas. A nivel bucal también detiene la producción de saliva, motivo por el que es frecuente que se nos seque la boca en situaciones de tensión.

Detiene la excreción

Ante un posible peligro, excretar puede suponer una situación de vulnerabilidad incompatible con la supervivencia. El sistema nervioso simpático provoca que los esfínteres se contraigan, dificultándolo. Orinar o defecar suelen ser procesos que se retrasan en situaciones de estrés o tensión, si bien no se trata de algo enteramente imposible. De este modo, toda la actividad mental se concentra en los objetivos más inmediatos, restando importancia a aquellos que son postergables justamente porque se puede satisfacer esas necesidades más tarde sin pagar un precio.

Eyaculación y orgasmo

Participación en las relaciones sexuales, provocando la eyaculación en el hombre y el orgasmo en ambos sexos. Sin embargo, justo antes de esto, un estado de constante esfuerzo y estrés típicos del resto de situaciones en las que interviene el sistema nervioso simpático, no favorece la aparición de este fenómeno, con lo cual se da una aparente paradoja.


Problemas en el sistema nervioso autónomo

Trastornos graves

* Dolores de cabeza, pérdida de memoria, dificultad para hablar.
* Afecciones en el corazón y las arterias.
* Trastornos en el sistema respiratorio.
* Fibromialgia.
* Disfunción eréctil.

Enfermedades

* Esclerosis múltiple, que desemboca en lesiones neurodegenerativas en el sistema nervioso central.

* Síndrome de Shy Drager o atrofia multisistémica. Una enfermedad degenerativa similar al Parkinson que causas estragos. La mayoría de pacientes fallecen en un plazo máximo de 10 años desde que se diagnostica la enfermedad.

* Disautonomía familiar. También llamada Síndrome de Riley Day, se trata de una enfermedad poco común que es hereditaria, degenerativa, y que causa efectos en el individuo como sudoración excesiva e indiferencia al dolor.

* Diabetes. La diabetes puede causar daño a los nervios en todo el cuerpo, afectando los nervios simpático, parasimpático, sensorial y motor. La neuropatía autonómica es más común en pacientes con una larga historia de diabetes tratada de manera inadecuada. La neuropatía diabética de los nervios simpáticos puede alterar la capacidad del sistema cardiovascular para regular el flujo sanguíneo y la contractilidad del músculo cardíaco.


El sistema nervioso simpático es fundamental en la regulación del gasto energético y la termogénesis

Un estudio realizado por investigadores de la Escuela de Medicina Icahn en Monte Sinaí, Estados Unidos, publicado en la edición digital de Nature Medicine de abril 2017, proporciona importantes conocimientos sobre cómo el cuerpo regula su producción de calor, un proceso conocido como termogénesis que actualmente está intensamente estudiado como un objetivo para el tratamiento de la diabetes y la obesidad en los seres humanos.

Aunque los investigadores apuntaron previamente la hipótesis de que los macrófagos, una clase de glóbulos blancos, desempeñaba un papel importante en la termogénesis, el nuevo estudio sugiere que el principal impulsor de la termogénesis es el sistema nervioso simpático, que es controlado principalmente por el cerebro.

El equipo de investigación se centró en las catecolaminas, hormonas liberadas por el sistema nervioso simpático para activar el tejido graso marrón.

El tejido adiposo marrón es un tipo de tejido graso que quema energía para producir calor y mantenernos calientes. Las catecolaminas también pueden convertir el tejido graso blanco, el tipo más familiar de tejido graso que almacena los lípidos, en un tejido que se asemeja a la grasa marrón. Los investigadores probaron si los macrófagos podrían proporcionar una fuente alternativa de catecolaminas, como se había propuesto en los últimos años.

Resulta que los macrófagos no son tan importantes, ya que son incapaces de hacer catecolaminas, pero claramente lo es el cerebro a través del sistema nervioso simpático. Los investigadores señalan que es muy importante estudiar el papel del cerebro y del sistema nervioso simpático cuando se trata de comprender el metabolismo.

La capacidad de generar calor es fundamental para la supervivencia de los animales de sangre caliente, incluidos los humanos, ya que previene la muerte por hipotermia. Esta presión evolutiva dio forma a la biología de los seres humanos y la de otros animales de sangre caliente y, en parte, puede explicar por qué los seres humanos son susceptibles de desarrollar diabetes en el medio ambiente en el que vivimos.

A su juicio, aunque se ha invertido mucho esfuerzo en dirigirse al sistema inmunológico para curar la diabetes y la resistencia a la insulina, todavía no hay fármacos anti-inflamatorios que se haya demostrado que funcionan bien en los seres humanos con enfermedad metabólica.

El estudio sugiere que tal vez la clave para combatir los efectos devastadores de la diabetes y la obesidad en los seres humanos es restaurar el control de la termogénesis y el metabolismo mediante el cerebro y el sistema nervioso autónomo.


Cuidar el sistema nervioso

El Sistema Nervioso forma parte de nuestro cuerpo y, por tanto debemos de preocuparnos por su estado y cuidarlo. Al igual que pasa con otras partes del cuerpo, podemos prevenir y evitar enfermedades que derivan en problemas en nuestro cuerpo, causadas por el Sistema Nervioso. A continuación una serie de consejos o pautas que pueden ayudarnos a vivir de una forma más saludable.

Hábitos Saludables: deporte y alimentación. Es fundamental activar nuestro cuerpo con ejercicio aeróbico al menos dos o tres veces por semana, aumentando nuestro ritmo cardiaco al menos veinte minutos. Además, tiene un efecto relajante. También debemos aportar todos los nutrientes que nuestro cuerpo necesita, realizar cinco comidas al día, intentar reducir dulces y azúcares procesados etc.

Dormir y descansar. Se recomiendan ocho horas diarias, sin embargo depende de la persona (hay gente que se siente descansado con menos horas y otras con más). Mantener una higiene del sueño adecuada, poca luz, sin ruidos ni estresores factores estresantes) externos. El sueño nos debe aportar sensación de descanso y energía para desarrollar nuestras funciones durante todo el día.

Reducir la Ansiedad y el Estrés. Éstos son factores que activan nuestro Sistema Nervioso Simpático, lo que nos hace estar activos, nerviosos, y nos mantiene alerta. El estrés es el gran enemigo del sistema nervioso y, por ello, debemos intentar acabar con él tan pronto como se presente en nuestras vidas. Hay muchas maneras en las que lo podemos hacer, pero una de las mejores es usando la meditación o bien haciendo deporte.

Relaciones saludables. Las personas somos seres sociales, y las relaciones forman parte de nuestro día a día. Tener relaciones satisfactorias, que nos hagan sentir bien, sin añadir estrés o dificultades importantes a nuestra vida, nos ayudará a disminuir la ansiedad y a sentirnos mejor. Es importante que tengamos tiempo para relacionarnos con los demás, reírnos y estar bien con ellos. En casa, poder estar en familia al menos una hora es algo que también nos ayudará a sentirnos mejor y, por ende, a tener menos estrés. Por otro lado, las relaciones tóxicas, las que nos aportan discusiones constantemente, deben ser evitadas en la medida de lo posible.

Autoestima. La autoestima es esencial para un buen cuidado del sistema nervioso y es que no hay nada mejor para controlar los nervios que ser conscientes de lo que podemos hacer. No debemos caer en el error de perder los nervios en todo lo que hagamos y, por ello, tener una buena autoestima nos puede ayudar mucho.

Valores personales. Tener los valores personales claros nos ayudarán a disfrutar de una mejor salud mental lo que influenciará de forma muy positiva a la salud de nuestro sistema nervioso.

Infusiones relajantes. Las infusiones relajantes son también buenas para mejorar la salud de nuestro sistema nervioso. De hecho, las infusiones como la Valeriana no solo nos aportarán líquido para limpiar el organismo, sino que también nos permitirán descansar mucho mejor.

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