diciembre 26, 2016

Ansiedad y Estrés en la Niñez





La infancia es un período que se caracteriza por cambios, adaptaciones; los niños deben hacer frente a esas nuevas situaciones para poder superar las transiciones de una etapa a otra; y son precisamente esos factores o situaciones que producen ansiedad y tensión, llevándolos a comportarse de una manera distinta a la acostumbrada.

El estrés puede afectar a cualquier persona que se sienta abrumada, incluso a los niños. Los niños muy pequeños tienen preocupaciones y sienten estrés en alguna medida. En los niños en edad preescolar, el hecho de separarse de sus padres puede ocasionarles ansiedad. A medida que los niños crecen, las presiones académicas y sociales crean estrés.

El estrés es la respuesta fisiológica del organismo en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada.

El estrés en niños es prácticamente natural, como en casi todos los seres humanos  a niveles normales . El cortisol, hormona responsable de activar los núcleos de alarma y atención, desencadena una reacción a posibles peligros o alerta de algún problema. Hasta aquí todo es normal. El problema del estrés surge cuando estos niveles de cortisol permanecen en auge durante más tiempo del que dura esa actividad o situación que lo provoca. En ese momento estamos hablando de estrés como enfermedad.

El estrés infantil. Consiste en un conjunto de reacciones, tanto a nivel biológico como psicológico que se producen por ciertas situaciones que el niño no puede controlar, alterando su equilibrio general.

Muchos niños están muy ocupados y no tienen tiempo para jugar de manera creativa o relajarse después de la escuela. Los niños que se quejan de la cantidad de actividades en las que participan o se niegan a asistir a ellas pueden estar dando a entender que están demasiado atareados.

El estrés en la niñez se puede presentar en cualquier situación que requiera que un niño se adapte o cambie. El estrés puede ser provocado por cambios positivos, como comenzar una nueva actividad, pero está vinculado con más frecuencia con cambios negativos, como una enfermedad o una muerte en la familia.

El estrés puede ser una respuesta a un cambio negativo en la vida del niño. En pequeñas cantidades, el estrés puede ser bueno. Pero, el exceso de estrés puede afectar la forma como el niño piensa, actúa y siente.

Los niños aprenden a responder al estrés a medida que crecen y se desarrollan. Muchas situaciones estresantes que para un adulto son manejables causan estrés en un niño. Como resultado, incluso los cambios pequeños pueden tener un impacto en los sentimientos de seguridad y confianza del niño.

No se debe minimizar las consecuencias del estrés, ya que, entre otras cuestiones, ha sido relacionado con desórdenes mentales en la edad adulta o con un aumento de las crisis de asma.


Causas de estrés

No existe etapa en la infancia que esté exenta de sufrir estrés, desde el útero materno y el nacimiento, o cuando son bebés y cuando crecen, de niños y más adelante de adolescentes.

Alguna de las razones más frecuentes para el estrés infantil son la llegada de un nuevo miembro en la familia, la separación de los padres, el cambio de casa o de colegio, el inicio de las clases. En el caso de niños en edad preescolar, el estrés por el hecho de separarse de los padres es muy evidente.

Los posibles casos de acoso en el colegio, la preocupación por la situación económica del hogar o peleas familiares, son otras situaciones que podrían provocar el estrés cuando el niño crece.

Si bien con niños pequeños las presiones suelen provenir de fuentes externas  como la familia, los amigos o la escuela , cuando crecen también pueden surgir de la persona, de la exigencia a uno mismo, agravada a la vez por las exigencias externas hacia ellos.

Las noticias del mundo pueden causar estrés. Los niños que ven imágenes perturbadoras por televisión o que escuchan hablar sobre desastres naturales, guerra y terrorismo pueden preocuparse por su propia seguridad y la de las personas que quieren.

También debe tenerse en cuenta los factores agravantes, como una enfermedad, la muerte de un ser querido o un divorcio, que cuando se suman a las presiones cotidianas que los niños enfrentan, magnifican el estrés. Incluso el divorcio más cordial puede ser una experiencia difícil para los niños, debido a que su sistema básico de seguridad  su familia  atraviesa un cambio complicado.

Las causas de estrés pueden incluir :

* Preocupación por las tareas escolares o por las notas
* Manejo de las responsabilidades como la escuela y el trabajo o los deportes
* Problemas con los amigos, el acoso escolar o las presiones de los compañeros
* Cambio de escuela, mudanza, lidiar con problemas de vivienda o no tener dónde vivir
* Tener pensamientos negativos de ellos mismos
* Cambios corporales, tanto en los varones como en las niñas
* Divorcio o separación de los padres
* Crisis financiera en el hogar
* Vivir en un vecindario o en un hogar inseguro


Diagnóstico del estrés infantil

El cuadro que presenta un niño con estrés suele contener síntomas físicos y emocionales.

Síntomas físicos del estrés en niños. El primer síntoma que tiene consecuencias son las alteraciones del sueño. Junto a esto, el tartamudeo, las pesadillas, la enuresis, la cefalea y las molestias estomacales son algunos de los síntomas inequívocos de que se padece estrés infantil.

Los síntomas físicos incluyen :

* Disminución del apetito y otros cambios en los hábitos alimentarios
* Dolor de cabeza 
* Empezar a mojar la cama o hacerlo frecuentemente
* Pesadillas 
* Alteraciones en el sueño
* Molestia estomacal o dolor de estómago
* Otros síntomas físicos sin ninguna enfermedad física

Síntomas de comportamiento. Preocupación y ansiedad, incapacidad para relajarse, miedos recurrentes, dependencia de los padres, rabia y llanto, incapacidad para gestionar las emociones y baja tolerancia a la frustración, comportamiento agresivo y/o terco, regresión y rechazo a participar en todo tipo de actividades escolares y/o familiares.

Los síntomas emocionales o de comportamiento pueden incluir :

* Ansiedad o preocupaciones
* Incapacidad de relajarse
* Miedos nuevos o recurrentes (miedo a la oscuridad, a estar solo o a los extraños)
* Aferrarse al adulto, no querer perderlo de vista
* Rabia, llanto o gimoteo
* Incapacidad para controlar sus emociones
* Comportamiento agresivo o terco
* Regresión a comportamientos típicos de etapas anteriores
* Renuencia a participar en actividades familiares o escolares

Si bien no siempre es fácil reconocer el estrés en los niños, los cambios a corto plazo en la conducta, como los cambios de humor, el mal comportamiento, el cambio en los patrones del sueño o el hecho de mojar la cama, pueden ser indicaciones. Algunos niños experimentan efectos físicos, que incluyen dolor de estómago y dolor de cabeza. Otros tienen problemas para concentrarse o terminar la tarea escolar. Otros niños se abstraen o pasan mucho tiempo solos.

Los niños más pequeños pueden mostrar signos de reacción frente al estrés al adoptar nuevos hábitos, como chuparse el dedo, enroscarse el cabello con el dedo o meterse el dedo en la nariz. Los niños mayores pueden comenzar a mentir, a agredir a otras personas o a desafiar la autoridad. Un niño estresado también puede tener pesadillas, dificultad para irse de su lado, reacciones exageradas a problemas menores y cambios radicales en el desempeño académico.

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Consecuencias del estrés en la salud los niños

Un estudio llevado a cabo en la Universidad de Florida, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences en mars 2014, indicó que las consecuencias del estrés repercuten  en su salud y en su bienestar casi de manera inmediata.

Los investigadores  analizaron los datos de casi 96,000 niños en Estados Unidos que participaron en la Encuesta nacional de salud infantil y concluyeron que los niños que experimentaron 3 o más eventos estresantes tenían seis veces más probabilidades de tener problemas físicos o mentales o un trastorno del aprendizaje que los que no pasaron por experiencias estresantes.

Los investigadores también recalcaron en las múltiples consecuencias que el estrés crónico puede desencadenar en los más pequeños. Los niños que tienen el mayor número de experiencias adversas cuentan con las probabilidades más altas de tener múltiples trastornos. No se trata de un solo problema de salud; se trata de varios problemas de salud a la vez.

Los principales sistemas afectados son el neuroendocrino y el inmunológico del niño, que llevan a un control deficiente de la respuesta al estrés y a una capacidad reducida de resistencia a la enfermedad.


Estrés infantil asociado con enfermedad cardíaca y diabetes en la edad adulta

Según un estudio realizado por investigadores de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, publicado en el Journal of the American College of Cardiology en setiembre 2015, los niños que durante su infancia están sometidos a situaciones de estrés tendrán una peor salud cardiovascular y mayor riesgo de diabetes.

Durante 45 años los investigadores siguieron a siete mil personas nacidas en una única semana en Gran Bretaña en 1958. Durante ese periodo de tiempo analizaron los datos relacionados con el estrés y la salud mental en este grupo que formaban parte del British Birth Cohort Study de 7, 11, 16, 23, 33 y 42 años.

Se encontró que las enfermedades psicológicas en la infancia, incluso cuando los trastornos mejoraron en la edad adulta, se asocian con un mayor riesgo de enfermedad cardiaca y diabetes. La investigación revela, por ejemplo, que las personas con angustia persistente durante toda su vida tienen un mayor riesgo cardio-metabólico en relación con las personas que dijeron tener bajos niveles de estrés durante la infancia y la edad adulta.

El estudio apoya la evidencia de que la angustia psicológica contribuye al aumento en el riesgo de enfermedad cardiovascular y metabólica y que estos efectos pueden comenzar durante la infancia.


El estrés afecta el desarrollo cognitivo de los niños

Un estudio de la Universidad de Wisconsin-Madison, publicado en la revista Journal of Neuroscience en junio 2012, demostró que el estrés puede afectar la capacidad cognitiva de los niños, tanto espacial  memoria responsable de capturar el entorno y ubicación  como a corto plazo  memoria que detiene pocos datos –, ya que durante la infancia el cerebro todavía está  desarrollándose y se ve afectado por factores externos como el estrés.

Los investigadores llevaron a cabo entrevistas con 61 niños de 9 a 14, preguntando por los acontecimientos estresantes a lo largo de sus vidas.

También utilizaron imágenes de resonancia magnética (IRM) para escanear el cerebro de cada participante. La búsqueda de la corteza cingulada anterior, que reside en la corteza prefrontal, tomó menos espacio en los niños sometidos a grandes esfuerzos. La corteza cingulada anterior desempeña un papel en una serie de tareas emocionales y cognitivas, incluyendo la llamada memoria de trabajo espacial, o la estación de trabajo de todo tipo, donde la información espacial se puede procesar y acceder rápidamente.

Demostraron que los niños presentaron deficiencia en su memoria espacial y a corto plazo. Aunado a ello, algunas zonas no se desarrollaron como el córtex. La exposición a niveles muy altos de estrés podría cambiar los productos químicos importantes en el cerebro y el cuerpo como el cortisol y la dopamina. La hormona cortisol tiende a aumentar con el estrés y puede afectar a las células del cerebro.

Sin embargo, tales efectos no son irreversibles, es decir, esto no repercutirá de por vida el cerebro, pues los efectos al ser temporales, pueden erradicarse con un tratamiento adecuado, después de algún evento de estrés. Algunas de las ventajas con las que cuenta el cerebro es su flexibilidad, ya que puede cambiarse o readaptarse, principalmente, durante la infancia.

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Cómo reducir el estrés

El descanso adecuado y la nutrición correcta, así como una buena crianza, pueden aumentar las habilidades para enfrentar las situaciones.

A medida que los niños crecen, el tiempo de calidad es importante. Para algunas personas, realmente es difícil regresar del trabajo, agacharse y jugar con sus hijos o tan sólo hablar con ellos sobre su día, en especial cuando ellos mismos han tenido un día estresante. Pero los padres al expresar interés por el día de sus hijos les demuestran que ellos son importantes.

Los padres también pueden ayudar si se adelantan a las situaciones posiblemente estresantes y preparan a sus hijos para enfrentarlas. Sin embargo, deben tener en cuenta que los niños más pequeños probablemente no necesiten mucha preparación por adelantado. Darles mucha información puede causar más estrés. La seguridad es la clave.

Recordar que cierto nivel de estrés es normal; hacerles saber que está bien sentir enojo, temor, soledad o ansiedad y que otras personas comparten esos sentimientos.

El estrés de los niños no sólo puede aumentar por lo que sucede en su propia vida. Los padres deben tener en cuenta la manera en que hablan sobre sus problemas cuando sus hijos están cerca, porque los niños reconocerán la ansiedad de los padres y comenzarán a preocuparse.

La mayoría de los padres cuentan con las habilidades para solucionar el estrés de sus hijos. Deben buscar atención profesional si cualquier cambio en la conducta persiste, si el estrés causa ansiedad grave o si la conducta genera problemas significativos en el funcionamiento en la escuela o el hogar.

Los padres pueden ayudar a sus hijos a responder ante el estrés de forma saludable. A continuación se presentan algunos consejos

* Brindarle al niño un hogar sano, seguro y confiable.

* La rutina en el hogar puede ser reconfortante. Tener una cena o una noche de cine en familia puede ayudar a prevenir o aliviar el estrés.

* Dar siempre un buen ejemplo. El niño lo observará como un modelo de comportamiento saludable. Hacer lo posible por mantener su propio estrés bajo control y manejarlo siempre de forma saludable.

* Ser selectivo con los programas de televisión, libros y juegos que los niños observan, leen y juegan. Los noticieros y los programas o juegos violentos pueden producir miedos y ansiedad.

* Mantener al niño informado de cambios anticipados como los cambios en el trabajo o mudanzas.

* Dedicarle tiempo de esparcimiento tranquilo a sus niños.

* Aprender a escuchar. Escuchar al niño sin criticarlo ni tratar de resolver el problema de inmediato. En cambio, trabajar con su niño tratando de comprender y resolver lo que lo está molestando.

* Fortalecer los sentimientos de autoestima del niño. Utilizar la estimulación y el afecto. Utilizar recompensas en lugar de castigo. Tratar de involucrarlo en situaciones en las que pueda tener éxito.

* Darle oportunidades de hacer elecciones y de tener algún control sobre su vida. Cuanto más siente el niño que tiene control sobre una situación, mejor será su respuesta al estrés.

* Estimular la actividad física.

* Reconocer los signos de estrés no resuelto en el niño.

* Buscar ayuda o asesoría profesional del proveedor de atención médica, asesor o terapista, cuando los signos de estrés no disminuyan ni desaparezcan normalmente.

El niño también puede controlar su estrés siguiendo estos consejos

* Hablar con sus padres de sus problemas y si no es posible, con alguien en quien pueda confiar.

* Relajándose: Puede conseguirlo al escuchar música suave, dándose un baño con agua caliente, cerrando los ojos y respirando profunda y lentamente o incluso practicando yoga para niños.

* Tomarse un tiempo para estar solo o dedicar unos minutos para disfrutar de su actividad favorita: leer, pintar, tocar algún instrumento, bailar, etc.

* Haciendo deporte.

* Muy importante, fijándose metas realistas y llevar a cabo sus actividades lo mejor que pueda, recordando siempre que nadie es perfecto y que no es posible hacerlo todo bien.

* Aprendiendo a quererse y a respetarse.

En los casos en los que se perpetúen los síntomas en el niño o afecten a la salud del mismo de manera significativa habrá que acudir a un especialista, ya que podría existir otros factores físicos implicados. Lo que no conviene hacer es desatender estos síntomas. Hay que hablar con el niño cuando éste ya nos entiende, preguntarle por sus sentimientos, dejarle expresarse.

Si el niño y su familia comprenden el origen de la problemática, el estrés estará más cerca de controlarse y de superarse. Hay que evitar que el estrés infantil se convierta en crónico o que derive en procesos más complicados, como ansiedad o depresión.


Cada vez es más evidente que la adversidad en el entorno social del niño aumenta la 
probabilidad de desarrollar altos niveles de angustia. Por lo tanto, las estrategias de prevención 
y de intervención temprana deben centrarse tanto en el pequeño como en su entorno.

diciembre 13, 2016

El Cociente Intelectual Puede Variar a lo Largo de la Vida





El cerebro es un órgano flexible. Desde que nacemos, el uso y conocimientos que adquirimos, los retos que superamos, etc. lo van moldeando. Es el fenómeno conocido como neuroplasticidad.

La neurogénesis  formación de nuevas neuronas  está influida positivamente por neurotransmisores, factores de crecimiento, factores neurotróficos, hormonas, un medio culturalmente rico y estimulante, la actividad física, la interacción social y el aprendizaje. El estrés psicológico, enfermedades psiquiátricas (por ejemplo, la depresión), el aislamiento social o la falta de sueño afectan negativamente a la formación de neuronas nuevas. Efecto similar causan las drogas de abuso.


Cociente intelectual

El cociente intelectual, también denominado coeficiente intelectual o CI, consiste en una puntuación, que se obtiene al efectuar a una persona unas serie de test especialmente diseñados para medir su inteligencia, y en los que se adjudica 100 como valor central de una inteligencia media. Quienes puntúen por encima de 100 se hallan por encima de la media, y los que puntúen menos, no llegan a la media de inteligencia.

Generalmente se cree que el coeficiente intelectual es un atributo genético con el que nacemos y que se mantiene de por vida, como el color de los ojos o la estatura. En realidad se parece más a otros atributos de nuestro cuerpo y mente, como el peso corporal, el estado de ánimo, los niveles de energía o la tensión sanguínea, todos los cuales pueden fluctuar a lo largo de nuestra vida.


¿ Cómo se mide el Coeficiente Intelectual ?

El psicólogo estadounidense David Weschler creó en 1939 la Escala Wechsler de Inteligencia para Adultos (WAIS) y hasta la fecha es una de las más utilizadas para medir el coeficiente intelectual.

Una persona “superdotada” o “genio” sería aquella cuyo CI es de 130 o más. Las personas con estas características suelen tener gran facilidad para resolver problemas lógicos. Una persona de CI mayor a 115 está por encima de la media, y por debajo de la media encontramos a quienes tienen un CI de entre 70 y 80 puntos, y suelen tener dificultades para pensar de manera abstracta. Las personas con un coeficiente menor a 70 en general tienen dificultades cognitivas, de memoria y lenguaje.

¿ Por qué un individuo es superdotado ? El cociente intelectual está directamente relacionado con el cociente intelectual de los progenitores, es decir, es genético o hereditario. Sin embargo, una parte de nuestra capacidad intelectual depende de nuestra historia de vida, del uso que hagamos de nuestro cerebro.

Hace tiempo, se pensaba que las diferencias entre el nivel intelectual de las personas dependía exclusivamente de ese factor genético. Se creía que el cociente intelectual “venía de fábrica”. Sin embargo, los estudios demuestran que la combinación de una estimulación precoz y adecuada con el medio ambiente son esenciales en el desarrollo del cerebro. Un entrenamiento adecuado del cerebro, específico para cada función cognitiva, afina y potencia nuestras capacidades.

La Universidad de Rochester publicó un estudio para medir el coeficiente intelectual a través de la vista. La prueba es muy sencilla: supone seguir con los ojos el movimiento de una barra en la pantalla de la computadora, hacia la derecha e izquierda. Las barras tienen tres tamaños distintos. Aquellos que siguen con mayor precisión los movimientos de la barra de menor tamaño, que es la que se limita al círculo central del campo visual, son los que tienen CI más alto.

El coeficiente intelectual suele asociarse con el nivel de inteligencia de una persona. Sin embargo, expertos han comenzado a cuestionar la veracidad de esta afirmación ya que en estos últimos años se han descubierto que existen distintos tipos de inteligencia.


Inteligencia cognitiva

Para el término inteligencia existen muchas definiciones. La que estableció la American Psychological Association asegura que consiste en la habilidad a través de la cual los individuos son capaces de comprender cosas complejas y de enfrentar y resolver ciertas complicaciones a través del razonamiento; de acuerdo a la capacidad de cada persona se dice que es más o menos inteligente que otra.

Según esta definición las capacidades intelectuales de cada individuo varían al tiempo que lo hacen los problemas a los que debe enfrentarse.

El Mainstream Science on Intelligence propuso una segunda definición, corroborada por más de 50 investigadores. En ella se postula que la inteligencia incluye las habilidades de razonar, resolver problemas, pensar de forma abstracta, planear.

La inteligencia no se trata de la facultad para aprender de los libros, únicamente, sino también de la destreza para resolver conflictos y saber qué es lo que hay que hacer a cada momento.

Existen ocho tipos de inteligencia de acuerdo al psicólogo de la Universidad de Harvard, Howard Gardner

* Lingüística-verbal (expresividad)
* Lógico-matemática (resolver problemas lógicos)
* Musical (dotes musicales)
* Espacial (creatividad)
* Inter-personal (habilidades sociales)
* Intra personal (auto conocimiento e introspección)
* Corporal (control sobre el cuerpo, movimientos)
* Naturalista (análisis del entorno).


Puntaje estandarizado

Los test de inteligencia estandarizados utilizados por los psicólogos clínicos con fines de diagnóstico, tales como la escala Weschler, están diseñados de tal forma que no son fáciles de preparar ya que los contenidos se mantienen sorprendentemente en secreto y se cambian con regularidad, por lo que la puntuación dada por un individuo es siempre relativa.

Incluso mientras obtenemos una mejor educación y somos más hábiles en las pruebas de coeficiente intelectual  un fenómeno conocido como el “efecto Flynn”  nuestra puntuación no varía en absoluto y esto es porque el sistema de puntuación del CI tiene en cuenta la cantidad de mejora esperada en el tiempo y luego se descarta. Es decir los test que se realizan cuándo uno tiene más edad, están adaptados a esa edad y por lo tanto no entienden el aprendizaje. Este tipo de cuenta se llama un puntaje estandarizado ya que esconde su puntuación verdadera y simplemente representa su posición en relación a sus compañeros que también supuestamente se han convertido en más inteligentes o al menos a la misma velocidad.


Efecto Flynn

En el siglo XX se ha documentado en países occidentales y orientales, más y menos desarrollados económicamente, el llamado ‘efecto Flynn’ (en honor al científico James Flynn, que lo descubrió) consistente en un incremento generacional de la inteligencia, tal y como la miden los psicólogos. La ‘ganancia’, que ha sido calculada en tres puntos en el cociente intelectual por década, ha sido observada en bebés, niños de preescolar, niños en edad escolar y personas adultas. el incremento generacional de inteligencia se produce entre los más y los menos inteligentes.

En realidad esto quiere decir que todos somos cada vez más inteligentes a través de nuestras vidas y las pruebas de coeficiente intelectual y el sistema de puntuación del mismo se ajustan constantemente para asegurarse de que el CI promedio se mantenga en 100, a pesar de un aumento bien señalado en la capacidad intelectual en todo el mundo. Los psicólogos son conscientes de que las puntuaciones de inteligencia están sujetas a la influencia cultural y las oportunidades sociales.


Inteligencia emocional

La inteligencia emocional incluye habilidades como percepción de los sentimientos  propios y de las emociones del entorno , utilización de las emociones  dominar los sentimientos con el fin de facilitar una actividad cognitiva entendimiento de las emociones  comprender el lenguaje de los sentimientos y reconocer cómo evolucionan en el tiempo  y control de las emociones  habilidad para manejar los sentimientos propios en función de las necesidades, para alcanzar las metas que se ha propuesto .


Pruebas de inteligencia

Para poder establecer las facultades intelectuales de una persona se deben realizar varios tipos de pruebas. En estas pruebas se incluyen problemas con palabras o números, formas y diseños, a fin de poder definir la capacidad individual del CI del individuo.

El concepto de prueba de inteligencia fue ideado por psicólogos franceses en el año 1900 para ayudar a describir las diferencias en lo bien y rápido que los niños aprenden en la escuela. Actualmente se utiliza con frecuencia para explicar la diferencia que todos tenemos en un nivel fijo e inherente sobre la inteligencia y lo rápido que podemos aprender.

Cuándo hablamos de inteligencia, nos referimos a nuestra capacidad de aprender rápidamente y adaptarnos a las nuevas situaciones. Estos test supuestamente miden nuestro vocabulario, nuestra capacidad para resolver problemas, razonar lógicamente, y así sucesivamente.

Estudios previos han aportado evidencias de que la estructura del cerebro también puede cambiar y adaptarse durante la vida adulta. Muchos investigadores creen que nuestro coeficiente intelectual también puede modificarse acorde a este proceso.


Estudios sobre el cociente intelectual

El coeficiente intelectual fluctúa en la adolescencia

Según un estudio realizado por investigadores del University College de Londres, publicado en la revista Nature en 2011, El cociente intelectual, el estándar que mide la inteligencia de una persona, puede aumentar o disminuir durante la adolescencia.

En una serie de experimentos realizados en 2004 con adolescentes con edades comprendidas entre 12 y 16 años, los investigadores analizaron con ayuda de resonancia magnética las estructuras cerebrales de los sujetos además de someterlos a test de inteligencia. Cuando repitieron las pruebas cuatro años más tarde, detectaron que el coeficiente intelectual había aumentado en unos casos y disminuido en otros en hasta 20 puntos, y que los cambios coincidían con variaciones en la estructura cerebral.

En el estudio los investigadores documentaron que los cambios de CI están vinculados a modificaciones estructurales del cerebro. En 39 por ciento de los sujetos cuyo CI verbal cambió de manera significativa, los escaneos cerebrales antes y después del estudio mostraron una modificación correspondiente en la densidad y el volumen de la sustancia gris  número de neuronas  en una región de la corteza motora izquierda que se activa al nombrar, leer y hablar. En contraste, en 21 por ciento que tuvo un incremento o una caída del CI verbal  solución de problemas no relacionados con el lenguaje, como el razonamiento espacial , la densidad de sustancia gris en el cerebelo anterior asociada con el movimiento de la mano reflejó un incremento o una reducción equivalente.

Según los científicos el cociente intelectual, medido con una serie de pruebas de memoria operativa, habilidades espaciales, y reconocimiento de patrones (entre otras), recoge una amplia gama de habilidades cognitivas, desde espaciales hasta verbales, analíticas y más. Y 20 puntos es una gran diferencia. Si alguna persona pasaba de un cociente intelectual de 110 a uno de 130, dejaba de ser un individuo ‘promedio’ para convertirse en ‘dotado’. Y por el contrario, si caía de 104 a 84, pasaba de la ‘media alta’ a ‘inferior a la media’.

Frente a los recientes descubrimientos sobre la capacidad del cerebro para cambiar – propiedad denominada neuroplasticidad   y crear nuevas neuronas aún a los 60 y 70 años, el estudio confirma que la estructura cerebral puede cambiar en la vida adulta, y el cociente intelectual también, porque nuestro cerebro se adapta continuamente.


El entrenamiento de la memoria a corto plazo aumenta la inteligencia pura

Un grupo de científicos de la Universidad de Michigan en uno de los hallazgos de la investigación sobre inteligencia, en 2008, demostró que la memoria a corto plazo puede ser el fundamento más importante para la inteligencia pura.

En su estudio, entrenaron voluntarios adultos en una difícil tarea de memoria a corto plazo: escuchar una secuencia de letras mientras miraban, simultáneamente, una serie de pantallas de computadoras que presentaban un cuadrado azul en diferentes ubicaciones. Se pidió a los voluntarios que identificaran si la letra pronunciada o la ubicación del cuadro correspondían a la de las pantallas presentadas con anterioridad.

Cuanto más practicaban y agudizaban su memoria a corto plazo, mucho mayor era la mejoría de la forma más pura de potencia cerebral, la inteligencia “líquida” es decir, la capacidad de los voluntarios para razonar y resolver problemas independientemente del conocimiento previo.

El segmento de razonamiento de la prueba utilizó algo que se conoce como matriz progresiva: visualizar tres configuraciones geométricas y elegir, entre numerosas opciones, aquella que mejor se adecuara al patrón.

El entrenamiento de la memoria aumenta la inteligencia pura y por tanto, es la mejor manera de elevar el CI.

Matriz progresiva
Se descubrió también que los cambios en el CI relacionado con el lenguaje, se encuentran asociados con las variaciones en una determinada región del cerebro, más precisamente en la corteza motora izquierda. Por su parte, en lo referente a las pruebas no verbales, se sabe que puede deberse a un aumento de la materia gris que reside en el cerebelo anterior  la que controla la parte sensitiva y motora del organismo .

Se sabe también que existen diferencias en el CI entre hombres y mujeres, esto no significa claramente que uno sea más inteligente que otro, sino que poseen habilidades cognitivas diversas; lo mismo ocurre en personas pertenecientes a unas y otras culturas, porque más allá del aprendizaje social hay una determinada predisposición a desarrollar de una forma específica el CI.


La exposición prenatal a determinados químicos se vincula a un menor coeficiente intelectual del niño

Investigadores de la Escuela Mailman de Salud Pública de la Universidad de Columbia, en un estudio publicado en Plos One en diciembre 2014, revelan que los niños expuestos durante el embarazo a niveles elevados de dos sustancias químicas comunes que se encuentran en el hogar, ftalato de di-n-butilo (DNBP) y ftalato de di-isobutilo (DiBP), tenían un coeficiente intelectual, en promedio, más de seis puntos por debajo de los menores expuestos a niveles más reducidos.

Estas sustancias químicas están presentes en una amplia variedad de artículos de consumo, como toallitas para la secadora, pintalabios, laca para el cabello y esmalte de uñas, incluso algunos jabones.

Según el estudio, los hijos de madres expuestas durante el embarazo a concentraciones de DNBP y DiBP un 25% más altas tenían un coeficiente intelectual entre 6 y 7' puntos inferior que los de mujeres menos expuestas.

Estos resultados se obtuvieron después de controlar factores como el índice de inteligencia materna, la educación materna y la calidad del ambiente en el hogar, que también influyen en las puntuaciones del coeficiente del menor. El razonamiento perceptivo, la memoria de trabajo y la velocidad de procesamiento también se vieron afectados por la exposición materna a esos ftalatos.


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Factores que reducen la inteligencia

Dieta

Las comidas con alto contenido graso afectan la actividad cerebral, ya que estropean la función de la dopamina, el neurotransmisor encargado de producir la motivación.

Además los estudios demuestran que las dietas ricas en grasa también afectan la capacidad de reacción, así como la memoria y provocan depresión.


Las multitareas

Aunque se tiene la idea de que el cerebro es capaz de hacer varias cosas al mismo, lo cierto es que este órgano solo puede realizar una cosa a la vez, pero hace el cambio de tarea con tal rapidez que da la sensación a las personas de hacer muchas cosas al mismo tiempo.

Al hacer estos cambios tan rápido se gasta más glucosa, la fuente de energía del cerebro, además que se reduce el CI, ya que al realizar varias tareas, se impide la generación de pensamientos profundos, además que los pensamientos se vuelven menos recientes y más superficiales, así es como no nos mantenemos enfocados en ninguna de las tareas realizadas.


La tecnología

Es cierto que las nuevas tecnologías nos ahorran mucho tiempo y esfuerzo, pero también afectan a la memoria, ya que poco a poco se van delegando más almacenamiento de información a dispositivos electrónicos como smartphone o computadoras.

Lo que produce que retengamos menos información y por menos tiempo, ya que ahora cuando se desea consultar información, basta con entrar a un buscador y poner una referencia que nos lleve a lo buscado, en lugar de recordar nombres, fechas y demás datos para buscarlos directamente.

La televisión



La televisión puede afectar la inteligencia, lo cual fue comprobado por el psicólogo Markus Appel, quien realizó un estudio en el que mostró a 81 participantes un supuesto reality show sobre un atleta, tras mostrar este programa aplicó un examen de conocimientos.

Aquellos que vieron la televisión antes de contestar el examen, tuvieron más errores que aquellos que no vieron el programa, esto se debe a que al recibir información reciente, esta se queda presente de forma consciente, por lo que el cerebro queda predispuesto con esta información.




Cambios en los horarios de sueño

Modificar los horarios para dormir o tratar de adecuar el tiempo de sueño a los horarios de otro país y la interrupción regular del sueño afectan el ritmo circadiano, el que nos indica cuando es hora de dormir porque es de noche o de día, lo cual afecta a la memoria y al nacimiento de nuevas neuronas.



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Aunque podría pensarse que las destrezas motoras y cognitivas son tan disímiles como el agua y el aceite, numerosos estudios han revelado que el desarrollo de las habilidades sensorio-motrices pueden reforzar las cognitivas. Nadie sabe cómo sucede esto, a ciencia cierta, pero se postula que los dos sistemas cerebrales están más interconectados de lo que creemos. Así que al aprender a tejer, escuchar música clásica, o hacer malabares, es posible que se aumente el cociente intelectual.

Ejercitar la memoria a corto plazo  en esencia, el cuaderno de notas del cerebro  puede ser la palanca para elevar nuestra inteligencia.

Una persona puede poseer unas altas capacidades lógicas o matemáticas, pero ser incapaz de crear una obra artística y viceversa.

En la actualidad la medición del cociente intelectual y de las aptitudes de los sujetos tiene como fin suponer una herramienta de ayuda a la persona que puede conocer sus fortalezas y debilidades para así trabajar en ellas y mejorarlas.

Cuando aprendemos, leemos un libro escuchamos una obra musical u observamos un cuadro, se producen cambios físicos en nuestro cerebro, se crean nuevas estructuras y conexiones en él y mejoramos con ello nuestra inteligencia.