octubre 17, 2015

La Música Favorece el Desarrollo Cerebral Infantil




La música ejerce una influencia en la activación y desarrollo de diferentes regiones cerebrales


Actualización : abril 30, 2016

La música es un lenguaje simbólico que permite a los niños exteriorizar su mundo interno así como también interpretar el mundo a su alrededor, facilitando la libre expresión de sus sentimientos, sus sensaciones, sus fantasías y su realidad. Pero la música también funciona como medio para interactuar con los otros, como un lenguaje común y compartido que favorece la comunicación y el desarrollo de las habilidades sociales.

Los primeros tres años de la vida de un niño representan un periodo importante en el futuro de todo individuo, ya que allí se establece esa relación especial entre padres e hijos llamada “apego”, la música puede contribuir a fortalecer este vínculo y lograr que se convierta en una relación sana y operativa. En todo el mundo, cuando los padres le hablan a sus hijos pequeños, ajustan sus voces para hacerlas más suaves, más rítmicas, más musicales.

La música puede ser un vehículo para el desarrollo integral del niño que abarque las áreas cognitiva, social, emocional, afectiva, motora, del lenguaje, así como de la capacidad de lectura y escritura.

El efecto “Tomatis”

A mediados del siglo XX, un médico otorrinolaringólogo francés Alfred Tomatis, inició una propuesta de rehabilitación dirigida a personas con dificultades auditivas o de lenguaje.

Su programa terapéutico consistía en la estimulación musical al escuchar piezas de Mozart y otros compositores clásicos, obteniendo cambios positivos en la rehabilitación del lenguaje y en el desarrollo del habla en niños y adultos discapacitados. A este efecto se le ha denominado “efecto Tomatis”.

Asimismo, este médico elaboró un nuevo modelo de crecimiento y desarrollo del oído humano y reconoció que el feto escucha sonidos dentro del útero materno  tales como los movimientos de la digestión, los ritmos cardíacos y la respiración de la madre . Observó también que el recién nacido se relaja cuando oye la voz de la madre.

Su trabajo fue reconocido por la Academia de las Ciencias y Medicina de Francia, y actualmente existen centros de tratamiento Tomatis en Estados Unidos, Europa y América Latina.

El efecto “Mozart”

La expresión “Efecto Mozart” se refiere a los efectos beneficiosos que puede producir a las personas escuchar las melodías del compositor W. A. Mozart.

En 1993, Rauscher y colaboradores de la Universidad de California, publicaron los resultados obtenidos en una investigación realizada con grupos de estudiantes universitarios, a quienes se les expuso a escuchar durante 10 minutos una sonata de Mozart, logrando puntuaciones altas en las pruebas de habilidades visuo-espaciales y cognitivas en general, así como un incremento transitorio del cociente intelectual.

Estudios posteriores han demostrado que el escuchar música de Mozart desencadena cambios de conducta  en relación a estados de alerta y calma , afectividad  induce estados emotivos ,  metabólicos  aumento del contenido de calcio y dopamina en el cerebro .

Los beneficios de la música, en especial algunas piezas de Mozart, podrían deberse a las pulsaciones por minuto que tiene, y a las frecuencias altas de los instrumentos, ya que cambian el estado del cerebro  especialmente en aquellas zonas relacionadas con el hemisferio derecho, donde radican las funciones espacio-temporales  y lo hacen más receptivo.

La música de Mozart con respecto a la de otros compositores posee unas propiedades distintivas: los sonidos de sus melodías son puros, precisos, son sonidos altamente armónicos y los ritmos, las propias melodías, la métrica, el tono, el timbre y las frecuencias de su música parece que estimulan el cerebro humano, activando las neuronas.


Aprender música de niño ayuda al cerebro de adulto

Un estudio presentado por investigadores de la Universidad de Northwestern en Illinois, publicado en el Journal of Neuroscience en 2014, se centra en analizar qué ocurre después de que los niños dejen de tocar un instrumento musical si sólo lo han hecho durante unos pocos años.

Entre los participantes del estudio estaban personas sin formación musical, otras que tenían estudios que iban de uno a cinco años y otras que habían estudiado música de seis a 11 años. Todos ellos empezaron a tocar con nueve años y su edad, en el momento del estudio, oscilaba entre los 18 y los 31 años.

Comparados con aquellos sin formación musical, los participantes que habían estudiado de uno a cinco años de música tenían mejores respuestas cerebrales frente a sonidos complejos. Estas personas eran más eficaces para extraer la frecuencia fundamental de la señal sonora, es decir, la frecuencia más baja en el sonido que es clave en la percepción musical y en el habla. Esta habilidad les permite reconocer sonidos en un entorno complejo y ruidoso, también es importante para la expresión hablada y para la memoria.

Estos resultados, junto con los obtenidos en investigaciones previas por estos investigadores, permiten señalar beneficios que van desde una mejor percepción auditiva, mayor función ejecutiva y un empleo más eficaz de herramientas comunicativas. Todo ello sugiere que el entrenamiento musical durante el desarrollo produce efectos positivos y a largo plazo en el cerebro adulto.


La música clásica favorece el desarrollo cerebral de los niños

Según un estudio presentado por investigadores del Institute of Education de la universidad de Londres en enero 2014, la música clásica puede favorecer el desarrollo intelectual de las personas, especialmente los niños.

Los niños que estaban en las primeras etapas de primaria y escuchaban música clásica, no desarrollaron ningún tipo de prejuicio y después de pasar unos años, fueron capaces de apreciar distintos tipos de música, lo que aumentó su concentración y autodisciplina.

Los niños fueron expuestos a diferentes tipos de música clásica. Las piezas fueron variadas, aumentando su dificultad a medida que pasaban los días, mejorando su capacidad de capturar los detalles, distinguir sonidos y responder a las ideas sofisticadas. Por otra parte, también mostró que los niños pueden explorar sus sentimientos y usar su imaginación.


Cantar favorece el desarrollo del cerebro infantil

Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Münster, Alemania, jugar cantando favorece el desarrollo de los niños en el jardín de infancia en las áreas física, mental y social, sobre todo en lo que respecta a su habla, conducta social y control de la agresión. El libro “Singing in Childhood – An Empirical Study of Health and School Readiness of Kindergarten Children and the Elementary Canto Concept for Practical Implementation” fue publicado en diciembre 2010.

En la investigación se analizaron los datos provenientes de 500 jardines de infancia, se comprobó que un 88 por ciento de los niños que cantaban a menudo estaban plenamente preparados para seguir la escolarización normal, mientras que sólo estaban en las mismas condiciones de preparación el 44 por ciento de aquellos pequeños que cantaban con menos frecuencia.

Según los investigadores de Münster, el estudio ofrece la primera evidencia práctica de que jugar cantando favorece -en una medida que hasta ahora se había infravalorado- el desarrollo de los niños en el jardín de infancia en las áreas física, mental y social, sobre todo en lo que respecta a su habla, conducta social y control de la agresión.

Los expertos alemanes creen que este fenómeno se debe a que cantar hace que el organismo humano produzca una mayor cantidad de las hormonas que desencadenan la sensación de bienestar y a la vez disminuya la producción de otra serie de compuestos hormonales asociados a los comportamientos agresivos, como han demostrado diversos estudios neurobiológicos y fisiológicos previos.


La formación musical precoz podría mejorar la función ejecutiva


Un estudio llevado a cabo por investigadores del Boston Children’s Hospital, publicado en la revista PLoS ONE en junio 2014, ha revelado un posible vínculo biológico entre la formación musical temprana y la mejora de la función ejecutiva en niños y adultos.

La función ejecutiva comprende aquellos procesos cognitivos de alto nivel que permiten a las personas procesar y retener información, regular sus conductas, tomar buenas decisiones, resolver problemas, y planificar y adaptarse a las cambiantes y rápidas demandas mentales.

El trabajo ha examinado mediante imágenes por resonancia magnética las áreas del cerebro asociadas con la función ejecutiva, y ha ajustado los resultados en base a posibles factores socioeconómicos.

Según los investigadores, la función ejecutiva es un fuerte predictor de rendimiento académico, incluso más importante que el coeficiente intelectual.

Los investigadores compararon 15 niños musicalmente entrenados, de 9 a 12 años, con un grupo control de 12 niños no entrenados de la misma edad. Los niños entrenados tenían que haber tocado un instrumento durante al menos 2 años en clases de música regulares y privadas. De media, estos niños habían practicado durante 5,2 años 3,7 horas por semana, y habían comenzado con una media de 5,9 años. Del mismo modo, los investigadores compararon de forma similar a 15 adultos que eran músicos profesionales activos con 15 no músicos. Ambos grupos de control no tenían ninguna formación musical más allá de los requisitos generales de la escuela.

Dado que los factores demográficos familiares pueden influir en si un niño recibe clases particulares de música, los investigadores también compararon los grupos no músicos/músicos a partir de la educación de los padres, el estado laboral paterno y particular (para los adultos) y el nivel de ingresos familiar. Los grupos, también emparejados por el coeficiente intelectual, se sometieron a una batería de pruebas cognitivas, y a los niños también se les sometió a resonancia magnética durante la prueba.

En las pruebas cognitivas, los músicos adultos y niños musicalmente entrenados mostraron una mejora del rendimiento en varios aspectos de la función ejecutiva. En las imágenes cerebrales, los niños con formación musical mostraron una mayor activación de áreas específicas de la corteza prefrontal relacionadas con la función ejecutiva durante una prueba a través de la cual se les hizo cambiar entre diferentes tareas mentales.

La función ejecutiva no sólo es útil académicamente. Cada día, permite asimilar y retener información rápidamente, ajustar su conducta al contexto o incluso tomar las decisiones correctas. En algunas personas y en determinadas patologías, como la hiperactividad, esto plantea un problema. Los resultados también pueden tener significado para los niños y adultos que sufren de trastornos de la función ejecutiva, como los niños con trastorno por déficit de atención con hiperactividad o los ancianos.


Tocar un instrumento antes de los 7 años mejora el cerebro


Según un estudio de las Universidades de Concordia y McGill en Canadá, publicado en el Journal of Neuroscience en febrero 2013, las clases de música antes de los siete años podrían ayudar a establecer fuertes conexiones entre las regiones motoras del cerebro, aquellas que ayudan a planificar y llevar a cabo los movimientos.

La investigación proporciona una fuerte evidencia de que entre los seis y ocho años la formación musical interactúa con el desarrollo normal del cerebro a la hora de producir cambios duraderos en las habilidades motoras y la estructura del cerebro.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores observaron a 36 músicos adultos mientras tocaban algún instrumento y escanearon sus cerebros. La mitad de ellos empezaron su formación musical antes de los siete años, mientras que la otra mitad se inició a una edad más avanzada, aunque los dos grupos tenían el mismo número de años de experiencia. Estos dos grupos se compararon también con individuos que habían recibido poca o ninguna formación musical.

Al comparar una habilidad motora entre los dos grupos, los músicos que comenzaron antes de los siete años eran más precisos, incluso después de dos días de práctica. Al comparar la estructura del cerebro, los músicos que comenzaron temprano tenían la sustancia blanca reforzada en un haz de fibras nerviosas que conecta las regiones motoras izquierda y derecha del cerebro. No obstante, los escáneres cerebrales revelaron que no había ninguna diferencia entre los que no tocaban ningún instrumento y los que comenzaron su formación musical más tarde, lo que sugiere que la evolución del cerebro puede ocurrir temprano o puede no darse.

Este estudio es importante a la hora de demostrar que la capacitación es más eficaz en edades tempranas ya que ciertos aspectos de la anatomía del cerebro son más sensibles a los cambios en esos momentos.



¿ Cómo influye la formación musical en el desarrollo del cerebro del adolescente ?

Un estudio de la Universidad Northwestern y publicado en la revista PNAS en julio 2015, sugiere que la instrucción musical escolar ayuda a mejorar las respuestas del cerebro adolescente al sonido y agudizar el oído y las habilidades de lenguaje.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores contaron con la participación de 40 estudiantes de primer año de secundaria de la ciudad de Chicago que asistieron a colegios ubicados en barrios de bajos ingresos económicos. El estudio comenzó poco antes del inicio de clases y duró tres años, hasta su último año de secundaria.

Casi la mitad de los estudiantes se inscribieron en clases de música dictadas dentro de sus respectivas escuelas, de dos a tres horas semanales. El resto asistió al entrenamiento del Cuerpo de Oficiales de Reserva Junior, que hacía hincapié en el entrenamiento deportivo. Ambos grupos asistieron a sus respectivos talleres por un periodo de tiempo similar.

Luego de tres años y tras haber analizado la información recopilada, se reveló que el grupo de música mostró una maduración más rápida de la respuesta del cerebro al sonido y una sensibilidad cerebral prolongada y aumentada a los detalles del sonido.

Los autores creen que el aprendizaje de música en la secundaria, cada vez más desfavorecido debido a la escasez de fondos, podría compensar esa influencia negativa en el procesamiento de sonido, mejorando sus habilidades lingüísticas.


La música ayuda a los niños a desarrollar el lenguaje


De acuerdo con un estudio realizado por investigadores de la universidad Northwestern, publicado en la revista Journal of Neuroscience en setiembre 2014, un programa de música para niños fue fundamental para su desarrollo y función cerebral, un proceso asociado a las habilidades de lenguaje y lectura.

El equipo científico estudió un grupo de 44 niños de edades comprendidas entre seis y nueve años durante dos años. El estudio incluyó a niños de 6 a 9 años matriculados en el Proyecto Harmony, que ofrece clases gratuitas de música para niños desfavorecidos en Los Ángeles.

Querían observar la influencia de las clases de música en el desarrollo de su dominio del lenguaje y la comunicación. Los niños estudiados eran de zonas desfavorecidas de alto riesgo de fracaso escolar y de problemas sociales. Estos niños participaron en un programa que ofrece cursos de música libre.

En esta investigación, los neurólogos aplicaron electrodos en el cuero cabelludo de los niños, mientras aún estaban en lista de espera para integrar las lecciones de música. Después de un año, no se observaron diferencias significativas entre los niños que asistieron a clases de música, y los otros.

Pero después de dos años, la situación cambió. Después de escuchar una pieza de Mozart, el cerebro de los niños que estudian música emiten ondas. Una vez que estas ondas fueron captadas y amplificadas mediante electroencefalograma, los investigadores se dieron cuenta de que estas ondas eran una reminiscencia de la señal captada por los oídos. En pocas palabras, el cerebro de los músicos jóvenes aprendices fue capaz de reproducir la canción más rápido y con mayor precisión que los otros.

Asimismo, observaron que tomó dos años de instrucción en música para que esta mejora ocurriera, pues un año de formación musical no fue suficiente para provocar cambios en el cerebro.

Esta investigación demuestra que los programas de música en la comunidad pueden literalmente ‘remodelar’ el cerebro de los niños de una manera que mejora el procesamiento de sonido, lo que podría conducir a mejores habilidades de aprendizaje y del lenguaje.


Aprender música desarrolla la madurez emocional

Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Vermont, publicado en la revista de la Academia Americana de Psiquiatría Infantil y Adolescente en diciembre 2014, el entrenamiento musical puede ayudar a los niños a controlar sus emociones, reducir su ansiedad, y centrar su atención.

Su investigación, hasta el momento, es la investigación más grande de la asociación entre la formación musical y el desarrollo del cerebro, que tiene 232 participantes.

El equipo analizó las imágenes por resonancia magnética de los cerebros de los niños de seis a 18 años, prestando atención a los cambios en el espesor de la capa exterior  área cortical  del cerebro.

El estudio tuvo como objetivo conocer si la formación musical, una actividad positiva, influiría en estos indicadores corticales. Los investigadores encontraron evidencia de que la reproducción de música, lo que requiere el control motor y la coordinación, podría alterar las áreas motoras del cerebro e influir en los cambios en las zonas del cerebro relacionadas con el comportamiento de regulación.

La práctica de la música aumentó el espesor en el área de la corteza que controla el funcionamiento ejecutivo  memoria de trabajo, control de atención , la organización y la capacidad de planificación. También parece afectar a las áreas del cerebro que desempeñan un papel en el control inhibitorio y el procesamiento de las emociones. Los autores creen que tocar el violín, por ejemplo, puede ayudar a un niño a combatir los trastornos psicológicos como la ansiedad y la depresión mejor que las píldoras de prescripción.


Un lugar para la música en el cerebro

Investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en un estudio publicado en la revista Neuron en diciembre 2015, han identificado sendas neuronales que reaccionan casi exclusivamente al sonido de la música.

Los investigadores mostraron que su protocolo analítico había detectado una segunda senda neural en el cerebro de la cual los científicos ya tenían evidencia y está sintonizada con los sonidos que genera el habla. también demostró que los circuitos del habla y la música están en partes diferentes de la extensa corteza auditiva del cerebro, donde se interpretan todos los sonidos y que cada una es en gran medida sorda a las pautas de la otra. Cuando se trata de responder a las canciones con letra hay una cierta superposición.

Para identificar los sonidos o elementos sonoros tan esenciales, que el cerebro asigna una parte de la materia gris a la tarea de detectarlos, obtuvieron un conjunto de 165 fragmentos de sonido distintivos y fácilmente identificables de dos segundos cada uno. Luego escanearon los cerebros de 10 voluntarios (ninguno de ellos músico) mientras escuchaban dichos fragmentos sonoros.

Se enfocaron en la región auditiva del cerebro, ubicada en los lóbulos temporales justo por encima de las orejas; analizaron matemáticamente los vóxeles (píxeles tridimensionales) de las imágenes para detectar patrones de excitación o calma neuronal.

Generaron seis patrones de respuesta básicos, seis formas en que el cerebro catalogaba los ruidos entrantes.

Al emparejar los fragmentos de sonido con los patrones de activación, los investigadores determinaron que cuatro de los patrones estaban vinculados a propiedades físicas generales del sonido como tono y frecuencia.

El quinto seguía la percepción del habla del cerebro, y para el sexto los datos se volvieron operativos al revelar un sitio específico neuronal en el surco de la corteza auditiva que reaccionó a todos los fragmentos musicales que los investigadores habían reproducido.


La música y sus efectos en el desarrollo del cerebro

Las investigaciones que se han referido al efecto de la música sobre el cerebro infantil, han coincidido en que ésta provoca una activación de la corteza cerebral, específicamente las zonas frontal y occipital, implicadas en el procesamiento espacio-temporal.

Asimismo al evaluar los efectos de la música a través de registros de electroencefalogramas, se ha encontrado que la música origina una actividad eléctrica cerebral tipo alfa.

La música estimula la concentración y la atención del niño. Y por su forma de implicar los dos hemisferios cerebrales, ayuda a crear nuevas conexiones neuronales, lo que aumenta su capacidad de aprendizaje.

La educación musical proporciona un desarrollo de ambos hemisferios cerebrales :

Hemisferio izquierdo : percepción rítmica, control motor, rige mecanismos de ejecución musical, el canto, aspectos técnicos musicales, lógica y razonamiento, captación de lo denotativo, percepción lineal.

Hemisferio derecho : percepción y ejecución musical, creatividad artística y fantasía, captación de la entonación cantada, percepción visual y auditiva, percepción melódica y del timbre, expresión musical, apreciación musical.

La música  sobre todo la música clásica, de Mozart  provoca :

* Aumento en la capacidad de memoria, atención y concentración de los niños.
* Mejora la habilidad para resolver problemas matemáticos y de razonamiento complejos.
* Es una manera de expresarse.
* Introduce a los niños a los sonidos y significados de las palabras y fortalece el aprendizaje.
* Brinda la oportunidad para que los niños interactúen entre sí y con los adultos.
* Estimula la creatividad y la imaginación infantil.
* Al combinarse con el baile, estimula los sentidos, el equilibrio, y el desarrollo muscular.
* Provoca la evocación de recuerdos e imágenes con lo cual se enriquece el intelecto.
* Estimula el desarrollo integral del niño, al actuar sobre todas las áreas del desarrollo.
* Aumenta la auto-estima de los niños.


Música, Desarrollo y Aprendizaje

El sonido, la música y el movimiento son elementos que propician la activación del sistema sensorial y su integración. Cuando los sentidos trabajan organizadamente, el aprendizaje se da con mayor facilidad.

Los niños que aprenden música desde pequeñitos desarrollan mejor el pensamiento lógico y la capacidad matemática. Esto se debe a que la función cerebral que han de realizar para descifrar las notas musicales es la misma que la que precisan para comprender las letras y los números, por lo que les resulta más fácil aprender a leer, a escribir y a resolver problemas matemáticos.

Las canciones favorecen el desarrollo del lenguaje y suponen un enriquecimiento del mismo, debido a que enseñan a los niños el significado de palabras nuevas y les animan a vocalizar al son de la música.

La música también favorece la relación entre los pequeños. De hecho, la mayoría de las escuelas infantiles trabajan con ella como instrumento de aprendizaje, estímulo e integración. A los niños que tienen un carácter retraído les incita a la improvisación y les anima a expresarse y a superar la timidez. Y a los más extrovertidos les ayuda a canalizar mejor sus emociones. En cualquier caso, la música hace aflorar la personalidad de cada niño y resulta agradable contemplar la riqueza de la individualidad de cada uno.

A pesar de todos estos beneficios, los especialistas aconsejan que la educación musical se haga de forma gradual, sin agobios. El método debe ser lo más lúdico posible, porque el juego es básico para el aprendizaje de los niños. Lo importante es que ellos perciban que la música siempre está ligada a sensaciones agradables.

Aquellos niños que crecen escuchando música, cantando canciones, y moviéndose al ritmo de la música gozan de un mejor sistema sensorial, creando más enlaces en las conexiones neuronales del cerebro.


Músicoterapia

La músicoterapia hace uso de sonidos, trozos musicales y estructuras rítmicas para conseguir diferentes resultados terapéuticos directos e indirectos a nivel psicológico, psicomotriz, orgánico y energético.

La músicoterapia podría desempeñar un papel en enfermedades como el déficit de atención con hiperactividad, las demencias, la enfermedad de Parkinson, la epilepsia, trastornos emocionales.

La música y sus componentes fundamentales  estructuras rítmicas, escalas, tonos  producen patrones de actividad eléctrica cerebral coherente. Ello se traduce en una mayor eficacia a nivel del funcionamiento del cerebro no sólo como rector de los procesos cognitivos sino también como regulador de las funciones vegetativas del organismo. Se ha recalcado la importancia de la información electromagnética y su utilización como lenguaje terapéutico dentro del sistema orgánico. Los sonidos son frecuencias electromagnéticas susceptibles de ser utilizadas de manera análoga a la que son utilizados los colores en la cromoterapia.

Estudios neurológicos actuales demuestran la influencia que ejerce la música en la activación y desarrollo de diferentes regiones cerebrales, así como también el influjo que tiene en la formación de nuevas conexiones neuronales cuando ha existido algún tipo de lesión cerebral.


La importancia de la música en el desarrollo del bebé

El uso consciente de la música con los bebés favorece su desarrollo tanto físico como psicológico.

El sentido del oído es el primero que se desarrolla en el ser humano. A partir de los seis meses de gestación, el bebé ya puede escuchar; a los dos meses de edad es capaz de captar ritmos y con tan solo medio año de vida consigue reconocer melodías.

La música favorece el desarrollo cerebral del bebé, ya que desde el vientre materno ya pueden escuchar. Esto se debe a que el oído está totalmente formado desde el quinto mes de embarazo y el feto reacciona a los sonidos que escucha desde el sexto.

Al ser el primer sentido que se desarrolla, el oído es también el primero que se puede utilizar para estimular al bebé, ya desde el útero materno. Numerosos especialistas, entre ellos Don Campbell, autor de 'El efecto Mozart', han verificado que los bebés a quienes se ponía determinada música mientras estaban en el vientre materno eran capaces de reconocerla después de nacer e, incluso, sonreír al recordarla. Estos expertos coinciden en que la música que el recién nacido escuchó antes de nacer tiene un efecto de tranquilidad en los bebés y les ayuda a dormir mejor y llorar menos.

Para el desarrollo psicológico del bebé son necesarios estímulos para sus neuronas, tanto físicos como sociales.

La música transmite emociones, favorece la creatividad, relaja al bebé y por tanto, se ha convertido en un elemento indispensable para el desarrollo y educación del bebé.

Las actividades con música que se pueden utilizar para favorecer el desarrollo cerebral del niño, dependerán de la etapa de maduración en la que se encuentre, existiendo una serie de habilidades musicales que se van adquiriendo acordes con ésta.

Beneficios más destacados que la música aporta a los bebés :

* Reduce los niveles de estrés, al tener un efecto de relajación en los más pequeños.
* Mientras realiza actividades, la cadencia rítmica le ayuda a mejorar la concentración y a desplegar su creatividad.
* La interacción con el adulto por medio de la música ayuda a desarrollar lazos de comunicación más estrechos con los bebés.
* El ritmo permite asociar música y movimiento y, por tanto, favorece el desarrollo psicomotor del bebé, le proporciona mayor sentido del equilibro y un movimiento más armonioso cuando comienza a andar.
* La música estimula el desarrollo lingüístico, puesto que propicia conexiones neuronales activas en el campo del lenguaje.
* Los niños prematuros expuestos a melodías musicales mejoran sus hábitos de alimentación y avanzan en aspectos fisiológicos, como el ritmo cardiaco y respiratorio.


Actividades para estimular al bebé con la música

Antes de nacer. A partir de los cuatro meses de embarazo, la madre puede empezar a exponer a su hijo a las primeras composiciones musicales. Se puede utilizar para ello alguno de los cinturones musicales diseñados para esta función o bien unos auriculares colocados en el vientre materno. Aunque se pueden tener en cuenta los gustos de la madre para elegir el tipo de música, los expertos recomiendan melodías clásicas tranquilas de compositores como Mozart, Vivaldi, Beethoven, Bach o Tchaikovski.

Los primeros meses. En los dos primeros meses de vida, es aconsejable cantar a los bebés canciones de cuna o ponerles temas musicales instrumentales de corta duración y tiempo lento, que les recuerden los latidos del corazón de su madre y hagan que su sistema nervioso entre en una fase de relajación. Los especialistas recomiendan algunas composiciones para este periodo, como Contradanza KV 535. La Batalle de Mozart, Canción de Cuna de Brahms o El Sueño de una noche de verano de Mendelssohn.

Cantarle. Cantar canciones conocidas o inventadas en las que se haga referencia a la actividad que se realiza le ayuda a activar el lenguaje, ya que al estar las palabras asociadas a un sonido agradable, el bebé las escucha y asimila con mayor rapidez.

Música de día y música de noche. A partir de los dos meses, se puede ayudar al bebé a distinguir los distintos momentos del día gracias a la música. Los especialistas aconsejan utilizar música más dinámica cuando están despiertos para que la asocien con la actividad y más pausada en los momentos del sueño, para que se relajen.

Jugar con música. Utilizar la música de fondo mientras el bebé juega le ayuda a concentrarse más en la actividad que realiza y a mantener esta actitud durante más tiempo, ya que le crea un clima de tranquilidad y relajación.

Los primeros bailes. A partir de los seis meses, el adulto puede comenzar la estimulación corporal a través de la música por medio del balanceo del bebé en sus brazos al ritmo de la pieza musical que escucha. A partir del año, se le puede instar a realizar sus primeros movimientos motores con música que tenga un ritmo adecuado al desarrollo del niño.


Cómo influye la música en los niños

Inteligencia. El escuchar música durante la infancia contribuye a crear ciertos patrones en el cerebro. Los niños nacen con billones de neuronas en el cerebro. Si estas neuronas no son utilizadas se pierden con el tiempo. Que los niños reciban estímulo a través de la música hace que más neuronas funcionen en el cerebro y mientras más neuronas se desarrollen, mas fácil se les hará aprender nuevas cosas y desarrollar nuevos talentos.

Memoria. Los niños pueden acordarse de la música que han escuchado ya desde los tres meses de vida. Además, el escuchar música también ayuda a los niños a acordarse de cómo hacer ciertas cosas, es decir, que si los niños aprenden a realizar cualquier tipo de tarea mientras escuchan música, favorece a que la siguiente vez que vuelvan a oír dicha melodía, recuerden con facilidad la tarea realizada y por tanto les sea más fácil volver a reproducirla.

Entendimiento. El entendimiento y el lenguaje son ayudados por la habilidad de procesar información más rápidamente. Aquellos niños que escuchan música de manera regular tienen un mayor cociente intelectual. La habilidad de entender y procesar el lenguaje se consigue al entender los varios sonidos que crea el lenguaje hablando. Los niños que suelen estar expuestos a la música se acostumbran a escuchar diferentes sonidos complejos, los cuales les ayudaran a discernir el lenguaje.

Emociones. Las emociones y los estados de ánimo están directamente vinculados a la música. La música suave los ayuda a calmarlos, mientras que la música creativa los ayuda a estimularlos y activarlos.

Salud. La música puede tener un impacto poderoso en la salud. La música ayuda a restaurar las respiraciones, las cuales los calman físicamente y los ayuda con la presión arterial y los latidos cardíacos. La música también tiene el efecto de aliviar el dolor y promover la mejora física.


Cómo motivar a los niños a la práctica de tocar un instrumento

Muchos padres quieren que sus hijos aprendan a tocar un instrumento musical. Sin embargo, muchos niños podrían preferir jugar con sus aparatos electrónicos, jugar videojuegos o practicar deportes. No son muchos los niños con talento natural o pasión por el aprendizaje de la música, pero el interés por la música se puede cultivar en la mayoría de los niños.

Los padres pueden empezar por ayudar a sus niños a desarrollar habilidades musicales simples como identificar ritmos, melodías, o instrumentos.

La clave para motivar a un niño a escoger un instrumento y aprender a usarlo es empezar muy jóvenes, inicialmente exponiéndolos a la música para escuchar, cantar, balanceándose o bailar, y en juegos. Es importante determinar si están listos o lo suficientemente maduros como para elegir un instrumento y tomar clases. Ellos pueden tomar lecciones formales cuando sean mayores para favorecer su comprensión de la música, sin presionarlos para convertirse en grandes artistas.

¿ A qué edad empezar ?

Si el niño no está preparado, si no sabe lo que le espera, si no se le habla más que de solfeo, clases instrumentales o exámenes, el aprendizaje de la música no se le presentará como algo entretenido y atractivo. Tenderá a asimilarlo con una especie de “trabajo forzado” al que ha sido “condenado”.

En la gran mayoría de los casos hay que ir paso a paso, haciendo que el niño pase primero por los cursos correspondientes a la apreciación musical y a su iniciación en el campo de la música. Hay que dar tiempo al tiempo, no querer iniciar a toda costa a un niño demasiado pequeño y saber acompañarlo sin una presión familiar insoportable.

La música es fácil para unos y mucho más difícil para otros. Si se empieza por avanzar como quien da un paseo y, mientras se hace camino, se estimula al niño mostrándole el sendero, el gusto por el trabajo se transforma en placer y en pasión por la música.

Cada instrumento exige una edad mínima para empezar. Esta edad depende de factores físicos: por ejemplo, es necesario que las manos del niño sean lo suficientemente grandes como para que los dedos puedan alcanzar la distancia necesaria. A veces, aun los instrumentos más pequeños son demasiados grandes para ellos.

Es más arriesgado obligar a un niño a empezar demasiado pronto que hacerlo cuando se cree que es demasiado tarde. Si no está listo, la música le resultará muy difícil, se sentirá apremiado y presionado y pronto la rechazará. Esta precocidad es, de hecho, uno de los factores más frecuentes entre los que llevan al fracaso en los estudios, ya sean musicales o no.

Los científicos han descubierto fases de desarrollo en las que los niños aprenden determinadas habilidades de forma especialmente rápida: la motricidad, el lenguaje, la música. Estas etapas sensibles se llaman ventanas neuronales y se van cerrando una vez que pasa la edad óptima. Así, la mejor época para aprender a tocar un instrumento se sitúa entre los tres y los diez años, aunque esto no quiere decir que más tarde todo esté perdido. Algunos músicos han empezado en la adolescencia y hasta personas de treinta, cincuenta o incluso mayores pueden alcanzar cierto nivel, aunque no lleguen a ser grandes profesionales.


La música es importante como patrimonio cultural familiar, pero también universal, porque ella acompaña al niño en la construcción de su pensamiento y el descubrimiento del mundo. Las actividades musicales que se presentan al niño son elementos de la educación que dan forma a los aspectos físico, psicomotor y emocional de este pequeño ser.


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