marzo 04, 2014

Depresión Infantil






La depresión infantil afecta a todos los aspectos de la vida cotidiana de un niño y conlleva
cambios importantes en su forma de sentir, de pensar y de comportarse, así como cambios físicos.


Todos los padres se preguntan, en algún momento de la infancia de sus hijos, si el niño puede estar pasando una depresión. , los niños pueden deprimirse, pero sus síntomas son diferentes de los de los adultos: rabietas, agresividad, alegría exagerada, enuresis...

A los padres interesados en el desarrollo de los hijos, les inquietan las conductas de irritabilidad, la agresividad, el bajo rendimiento académico, el aislamiento, el llanto, etc, de sus hijos, sin embargo no saben qué hacer, y sumado a esto está la poca capacidad de los niños y adolescentes para expresar sus necesidades emocionales, lo cual hace la tarea mucho más difícil.

El trastorno depresivo infantil es un trastorno del humor capaz de comprometer el desarrollo del niño o del adolescente e interferir en su proceso natural psicosocial.

Son diferentes las manifestaciones de la depresión infantil y la de los adultos, posiblemente debido al proceso de desarrollo que existe en la niñez y la adolescencia.

La competitividad y las exigencias del mundo actual están afectando incluso a los más pequeñitos, causando depresión.

Poder evitarla depende, en gran medida, de la relación que los niños tienen con sus padres.

Todos los niños lloran, a veces desobedecen, se enojan o tienen problemas conductuales menores. Pero cuando algunos de estos aspectos son prolongados en el tiempo y hay cambios significativos en el comportamiento habitual, no hay que dejarlo pasar, ya que puede tratarse de un caso de depresión infantil.

Durante mucho tiempo se sostuvo que en menores no existía la depresión, pero hace 40 años fue aceptada por la comunidad científica y desde entonces es un problema que no se puede desconocer.

La depresión infantil tuvo recién su reconocimiento por la comunidad científica en el año 1971, durante el IV Congreso de la Unión de Psiquiatras Europeos, en Estocolmo, Suecia, donde se elaboraron criterios de diagnóstico para ese cuadro, que fue denominado “Trastorno Depresivo en la Infancia y Adolescencia”.

Investigadores norteamericanos constataron a través de una investigación realizada en el año 1991, una incidencia de depresión infantil en diferentes grupos de niños escolarizados: 0,9% en pre-escolares, 1,9% en alumnos de escuela primaria y el 4,7% en adolescentes de escuela secundaria.

Posteriormente, a fines de la década de los noventa, según un informe publicado por José Luis Pedreira Massa, se constató en España que los trastornos depresivos podrían llegar al 9% en la población general infantil menor de 12 años, cifras que pueden superar a las obtenidas en adolescentes.

Según un informe del Departamento de Salud Mental y Abuso de Sustancias de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión representa uno de los trastornos psiquiátricos de mayor prevalencia, afectando alrededor de 340 millones de personas en todo el mundo.


¿ Por qué se deprimen los niños ?

Las posibles causas de la depresión infantil son muchas, pero en todas ellas el denominador común es un sentimiento de abandono, ya sea real o no: muerte de un progenitor o allegado, grave conflicto entre los padres, separaciones prolongadas, educación severa o distante...


Las causas de la depresión infantil están asociadas a factores como: 

* Pérdidas o separación

* Una organización familiar disgregada

* Problemas de vinculación con los padres

* Falta de contacto afectivo

* Competitividad en el colegio

* Mala relación con pares

* Cambios de casa o de colegio y depresión de los padres.

Además, puede haber causas genéticas o bioquímicas.


Síntomas de depresión infantil

La depresión no se manifiesta, sobre todo en los niños más pequeños, con los mismos síntomas que en los adultos. Es raro que un niño tenga conciencia de estar triste y se lamente directamente de ello.

Los niños pequeños tienen dificultad para trasmitir su verdadero estado emocional, por su escasa capacidad de comunicación con los adultos de su entorno familiar.

Son muchos los signos que pueden alertar sobre la presencia de problemas depresivos en los niños, por ejemplo los llantos y rabietas excesivos.

Existen ciertos aspectos en algunos niños que deben ser evaluados si se pretende llegar al diagnóstico de depresión infantil.


Esas manifestaciones no siempre son debidamente valorizadas por familiares y pediatras, lo cual dificulta el diagnóstico de depresión infantil.

En el área del comportamiento, se puede observar en los niños afectados un deterioro en las relaciones con los demás integrantes de su familia, amigos y compañeros de escuela, perdiendo el interés por ellas y tendiendo al aislamiento.

Las alteraciones cognitivas que pueden ocurrir en estos niños, principalmente se observa en el nivel de atención, el razonamiento y la memoria, que interfieren en el rendimiento y el aprendizaje escolar. Muchas veces la depresión infantil es el origen del fracaso escolar.

Pero aún más preocupante es la situación de niños demasiado callados, quietos, exageradamente «buenos».

La depresión infantil se enmascara a veces como una «huida hacia adelante»: muchos niños inestables, agresivos, demasiado inquietos, y también de una alegría exagerada y llamativa, con demasiada tendencia a hacer el «payaso», pueden estar reaccionando así por tener una fuerte depresión.

Síntomas físicos. Muchas enuresis (hacerse pis por la noche pasados los cinco años), encopresis (incontinencia de las heces), insomnios, problemas con la comida, asma, eczemas...  Los niños somatizan más fácilmente que los adultos.

Señales y síntomas más frecuentes :

  Significativos cambios en el humor

  Disminución de la actividad psicofísica y del interés por cosas placenteras

  Pérdida de la atención en las clases escolares con bajo rendimiento.

  Alteraciones del sueño

  Signos de conducta agresiva

  Baja autoestima

  Disminución de la energía psicofísica

  Síntomas de padecimiento somático

  Fobia escolar

  Pérdida o aumento del peso corporal

  Cansancio matinal

  Hipersensibilidad (irritación y crisis de llanto sin motivo)

  Actitud de negativismo y/o pesimismo

  Ideas mórbidas sobre la vida

•  Enuresis (micciones nocturnas durante el sueño)

  Conductas ansiosas y síntomas hipocondríacos

No es necesario para un diagnóstico correcto, que se encuentre toda esta constelación de síntomas, sólo basta con que el niño presente algunos de ellos para sospechar que se trata de una depresión infantil y por lo tanto, debe estar bajo tratamiento con médicos especializados.



Las manifestaciones de depresión en niños y adolescentes van a depender de la etapa de desarrollo en que estén

* En lactantes. Se refleja en la alimentación y trastornos del sueño.

* Preescolares (2 a 5 años). Temores, cambios de actitud, dejar de jugar, necesidad de estar acompañado, conductas regresivas, pérdida de la capacidad de disfrutar, agresividad y/o irritabilidad, trastornos del sueño, ansiedad, hiperactividad, quejas somáticas (dolor de estómago y cefalea), cuadros respiratorios, alergias que se agudizan.

* Escolares (6 a 11 años). Inhibición, disminución del rendimiento escolar, baja concentración, agresividad, irritabilidad por un tiempo prolongado, manifestaciones ansiosas, desgano, desánimo, falta de motivación a actividades placenteras, quejas somáticas (gastrointestinales, respiratorias, neurológicas como cefaleas, etc.).

* Adolescentes (12 a 18 años). Se asemeja más a la depresión de personas mayores, pero en el contexto y características de la etapa evolutiva de la adolescencia. Hay mayor impulsividad que en el niño y en el adulto. Es posible la ideación e intento suicida; suele existir la sensación de que la vida no tiene sentido, que no hay salida a los problemas y que están atrapados por sus conflictos.


Los niños deprimidos en edad preescolar sufren cambios cerebrales

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Washington, en St. Louis, publicado en julio 2013 en la revista Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, muestra que la región cerebral que procesa las emociones funciona de forma distinta en los niños en edad preescolar con depresión que en los que no sufren de ese trastorno de salud mental.

Los investigadores usaron IRM funcional para examinar la actividad cerebral de 54 niños de 4 a 6 años de edad, incluyendo a 23 a los que se había diagnosticado depresión. Ninguno de los niños del estudio había tomado antidepresivos.

Los niños con depresión presentaban un nivel alto de actividad en la amígdala, la parte del cerebro que procesa las emociones. Mientras estaban en la máquina de IRMF, se mostró a los niños fotos de personas con una expresión facial de felicidad, tristeza, miedo y neutral.

La región de la amígdala mostró un nivel elevado de actividad cuando los niños deprimidos veían las fotos de las caras de las personas, independientemente del tipo de caras que se les mostraba. Así que no se trataba de que reaccionaran solo a las caras tristes o a las felices, sino que cada cara que vieron aumentó la actividad de la amígdala.

Los hallazgos ponen de relieve que estos niños están sufriendo de un trastorno muy real que requiere tratamiento. Se podría identificar y tratar a los niños con depresión en una etapa más temprana de la enfermedad, y prevenir así potencialmente problemas más adelante en la vida.


Diagnóstico

Los trastornos depresivos de la infancia se caracterizan por una sintomatología afectiva de larga duración, asociada a varias señales y síntomas tales como, insomnio, irritabilidad, rebeldía, temores, tics, cambio de hábitos alimentarios y cambio de conducta dentro del hogar y en la escuela.

Es muy importante que estas manifestaciones no sean temporales, sino que perduren en el tiempo, para efectuar un diagnóstico correcto de un trastorno depresivo o  si simplemente son parte de los cambios emocionales normales que se encuentran en las diferentes etapas del desarrollo de la personalidad en la niñez.

Por ello es necesario realizar una evaluación de la situación familiar, existencial, su nivel de madurez emocional y principalmente su autoestima. El profesional que lo asiste, no sólo tendrá en cuenta los cambios conductuales y lo que refiere el niño sino también la información que aportan sus padres, maestra y hasta la opinión de profesionales de otras disciplinas. Finalmente el profesional llegará al diagnóstico teniendo en cuenta las bases clínicas, muchas veces utilizando los mismos criterios que se usan para la depresión en el adulto, a pesar que el cuadro es diferente en lo niños, mucho más diferente cuando menos sean los años de edad.


Tratamiento

Si estos síntomas se observan en un periodo mayor a 15 días, es aconsejable consultar a un especialista. Sin embargo, el diagnóstico de depresión se hace con el antecedente de un mes de manifestación de síntomas, pero la consulta precoz es importante en el pronóstico, principalmente si hay antecedentes familiares de depresión o si hay sospecha o certeza de idea suicida.

Lo más importante es reconocer y tratar esta enfermedad, especialmente antes de los cinco años, ya que en esta etapa la persona organiza su modo de vinculación con otros, sienta las bases de su personalidad futura y en gran medida sella su adultez.

Debe estar a cargo de un médico especializado en Psiquiatría Infantil, a través de la psicoterapéutica, acompañado o no de tratamiento farmacológico.

Sin embargo, el tratamiento debe adaptarse a cada caso en particular y a la fase del desarrollo en que se encuentra el niño. Es frecuente que los lactantes puedan tener estas manifestaciones cuando sus madres están depresivas (por ejemplo, cuando hay depresión post parto).

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